El próximo 1 de septiembre unos 150.000 inmigrantes que viven en
España sin permiso de residencia ni de trabajo desaparecerán de los
archivos de la red pública de asistencia sanitaria y, por tanto, no
podrán ser atendidos como hasta ahora por los médicos. Así lo ha
acordado el Gobierno de Mariano Rajoy (PP) en una decisión basada en
su política de recorte de gastos para reducir el déficit.
A 15 días de que la red sanitaria pública desaparezca para
150.000 de sus potenciales usuarios, la España autonómica se divide
en dos: algunas regiones garantizan que su servicio de salud seguirá
siendo universal —sin detallar cómo lo piensan hacer— y otras
acatarán las medidas del Gobierno y sacarán fuera del sistema a los
sin papeles, que pierden así su tarjeta sanitaria.
Al menos cinco comunidades autónomas: Andalucía, Asturias y País
Vasco (donde gobierna el PSOE), Canarias (CC y PSOE) y Cataluña (CiU),
que aglutinan a más de la mitad de los sin papeles en España, han
alertado de los problemas de salud pública que puede implicar la
medida del Gobierno central. Por eso han garantizado en sus
territorios el servicio universal, como hasta ahora.
Desde que fue aprobado el veto a la asistencia sanitaria
ordinaria a inmigrantes irregulares, el Ministerio de Sanidad ha ido
explicando, a cuentagotas, cómo planea resolver los problemas
vinculados a esa decisión. Para los inmigrantes irregulares sin
especiales problemas de salud, Sanidad ha ideado un mecanismo que
comunicó a primeros de agosto a las comunidades, que serán quienes
tengan que ponerlo en marcha. Dicho mecanismo consiste en obligar a
los inmigrantes irregulares a contratar una especie de seguro médico
con las Administraciones autonómicas —con un coste de 700 euros al
año por persona— para poder disponer de atención en la red pública.
Esos inmigrantes a los que está destinada esta medida no tienen
permiso de trabajo en España y, por tanto, sus recursos económicos
son muy limitados o inexistentes. Para los extranjeros sin permiso
de residencia que padecen enfermedades crónicas, Sanidad garantiza
la continuidad de la atención a estos enfermos, pero anuncia que
pasará la factura a sus respectivos países de origen.
Los Gobiernos autonómicos que se oponen a esta medida estudian
estos días cómo prepararse para seguir prestando atención médica a
los extranjeros indocumentados.
El Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña, que
dirige Boi Ruiz, todavía no tiene decidido cómo se adaptará al
decreto aprobado en abril a través del cual se prevé restringir el
acceso sanitario a los sin papeles. En un principio, su intención es
mantener un servicio universal, según ha reiterado en las últimas
semanas, pero debate cómo hacerlo.
La atención en los ambulatorios catalanes estará garantizada a
todas las personas independientemente de que tengan o no sus papeles
en regla, según asegura una portavoz de la consejería. El problema
que debe resolverse es cómo se atenderá a estos pacientes en los
servicios hospitalarios. La Generalitat tiene intención de anunciar
en la última semana de agosto cómo aplicará el decreto.
Andalucía ya ha anunciado que no tiene intención de aplicar el
cobro de cuotas a los sin papeles, porque, en su opinión, rompe con
el sistema universal que hasta ahora existía en España y, además,
podría desencadenar problemas de salud pública.
La consejera de Salud, María Jesús Montero, ha afirmado que su
departamento está a la espera de ver sobre el papel el desarrollo de
esta propuesta del Gobierno para estudiar si es de obligado
cumplimiento para las comunidades. Andalucía no descarta acudir al
Tribunal Constitucional si finalmente el Gobierno le obliga
legalmente a cobrar a los sin papeles, al entender que contraviene
su Estatuto de autonomía.
El Gobierno vasco pretende aprobar en su reunión extraordinaria
del próximo martes o todo lo más en la siguiente, el decreto con el
que responderá a la regulación estatal que obliga al copago
farmacéutico y que evitará que al menos los colectivos más
desfavorecidos tengan que abonar más dinero por sus recetas.
La Consejería de Sanidad y los servicios jurídicos del Gabinete
se inclinan por usar a fondo la vía de los servicios y la asistencia
social, sobre la que Euskadi tiene plenas competencias. La intención
no es que a esos colectivos se les devuelva después el dinero, "sino
que no paguen ni un euro en la farmacia", según fuentes del
Ejecutivo autónomo.
Al tiempo, el Gabinete de Patxi López ultima las alegaciones que
presentará al Constitucional contra el recurso presentado por el
Gobierno central frente a un anterior decreto vasco que eludía sus
disposiciones sobre copago y restricciones en dispensación de la
tarjeta sanitaria. Euskadi está decidida a seguir prestándoles
asistencia sanitaria en las mismas condiciones que en la actualidad,
pero inicialmente no va a aprobar un nuevo decreto para ello. De
esta forma pretende evitar, entre otras cuestiones, la posibilidad
de un nuevo recurso del Gobierno de Rajoy al Constitucional que
paralice la asistencia a los sin papeles.
Sanidad cree que el actual marco legal vasco ya es suficiente
para dar soporte a la atención a inmigrantes y otros colectivos que
se quedarán sin atención no urgente a partir del 1 de septiembre.