Tras
protagonizar el mayor desastre nuclear de la historia, la ciudad
ucraniana de Chernobil ya es apta para la vida humana, aseguró este
miércoles Oleg Bondarenko, miembro de la Comisión Nacional para
Defensa de la Radiación.
"Según los indicadores radiológicos, prácticamente no hay
impedimento para la vida humana en la ciudad de Chernóbil", dijo
Bondarenko en rueda de prensa, según las agencias locales.
Bondarenko reconoció que "la legislación prohíbe residir en la
zona de exclusión" de 30 kilómetros de perímetro en torno a la
planta y que fue creada tras el accidente.
"Creo que es hora de pensar que parte de la zona puede abrirse
para su uso sin restricciones. Se trata más bien de la zona sur",
dijo, citado por las agencias locales.
Para empezar, el experto considera que debería autorizarse la
residencia al personal que se encarga de supervisar la seguridad del
sarcófago que cubre el averiado cuarto reactor.
"De ser sinceros, ya hay mucha gente que vive y trabaja allí,
pero a escondidas. Existe una situación de facto y otra legal que
están desligadas y hay que unirlas para devolver la situación a la
normalidad", señaló.
Bondarenko también cree que en un futuro en la zona podrían
permitirse actividades económicas como la explotación de ganado o el
cultivo de lino.
Recientemente, 35 antiguos residentes en la zona se han dirigido
por carta al primer ministro ucraniano, Nikolái Azárov, para que el
Gobierno les permita regresar a sus antiguos hogares.
Los signatarios de la carta mantienen que los niveles de
radiación en la zona son menores que en la capital, Kiev, y se
mostraron dispuestos a reconstruir la ciudad y sus empresas.
Bondarenko y otros expertos insisten en que los niveles de
radiación en la zona de exclusión difieren de unas zonas a otras,
por ejemplo entre la ciudad de Chernóbil y la de Prípiat, la más
afectada por la catástrofe al encontrarse a apenas 4 kilómetros de
la planta.
Las autoridades locales sí han abierto las puertas del
considerado uno de los lugares más inhóspitos de la Tierra a los
turistas extranjeros.
No obstante, antes de obtener el permiso para viajar a la zona,
los visitantes deben firmar un contrato por el que la administración
se exime de toda responsabilidad por cualquier perjuicio a la salud
del visitante.
La estancia en la zona no supera las 6 horas, período durante el
que no se puede fumar, salirse del itinerario oficial, beber
alcohol, encender una hoguera y, por supuesto, tocar o llevarse
ningún objeto, sean trozos de chatarra, plantas o simples pedruscos.
El pasado 26 de abril, con ocasión del 26 aniversario del
accidente, se inició la construcción del nuevo sarcófago que debe
garantizar durante el próximo siglo la seguridad del averiado cuarto
reactor.
La radiación desprendida por la central continúa afectando a
miles de habitantes de Bielorrusia, Ucrania y Rusia, donde se halla
el 70 % de los casi 200.000 kilómetros cuadrados de terrenos
contaminados.