Dos décadas de llaves doradas y…

Harold Iglesias Manresa
harold@granma.cip.cu

Barcelona 1992, tras dos cuatrienios fuera del escenario olímpico, mucha expectativa había sobre la posible actuación cubana. El quinto lugar (14-6-11) borró todo vestigio de duda. En ese botín la lucha tuvo su aporte con dos cetros del librista Alejandro Puerto (57 kg) y el grequista Héctor Milián (100). Desde entonces no ha faltado la contribución dorada de los gladiadores.

Foto: Ricardo López HeviaMijaín López pudiera tener otro cuatrienio de gloria, apostando a su técnica predilecta, el desbalance.

A fuerza de llaves y tackles se han ubicado decimoquintos en el medallero histórico de la disciplina (6-5-7), las dos últimas de esas preseas se las agenciaron en Londres los pinareños Mijaín y Liván López, representantes del estilo clásico y libre, por ese orden, además de que cinco de siete grequistas y Caterine Videaux se ubicaron entre los ocho primeros en sus respectivas divisiones.

Sin embargo, la esencia no estriba en parapetarse detrás de los resultados. El certamen londinense evidenció un fortísimo nivel, tanto en el aspecto técnico-táctico como en el físico, cuestiones en las que algunos de nuestros exponentes tuvieron lagunas.

Fueron en definitiva 28 los pleitos celebrados por los antillanos, con balance de 15 éxitos y 13 fracasos, además de 65 periodos de acción. En algunas de esas batallas acusaron desgaste excesivo, carencia de ese extra final necesario para imponerse, independientemente de la complejidad del organigrama enfrentado por algunos de ellos.

Por ejemplo, Yunior Estrada y Pablo Shorey con situaciones favorables en la posición de cuatro puntos no contaron con la fuerza para materializar agarres ni desbalances, incluso el mismo Shorey (doble medallista universal durante el ciclo) cedió por pegada —luego de haberse impuesto en el primer parcial— ante el polaco Damian Janikowski, un rival de mucho menor palmarés.

Hansel Meoque y Alexei Bell (sustituto en el último momento de Jorgisvel Álvarez) cayeron en sus primeras presentaciones, en el caso de Bell igualmente luego de haber dominado el tiempo inicial. ¿Qué denota esto? La necesidad de trabajar sobre la resistencia de la fuerza y la intensidad, para no afrontar demasiado desgaste en peleas extendidas a terceros periodos.

A los libristas les sucedió algo similar, tanto Humberto Arencibia (84) como Javier Cortina (96) declinaron a medida que avanzaban sus respectivos desafíos. Ellos, Yowlys Bonne y el resto de nuestra preselección nacional deben profundizar en la defensa, para evitar las entradas de los rivales, fundamentalmente a las piernas, las cuales se les dificulta más defender y casi siempre desencadenan en pases atrás.

Videaux cuenta con potencial, entre otras cosas necesita de fogueo, confrontación con oponentes que tengan su nivel o mayor, para pulir cuestiones relacionadas con la ansiedad que evidencia en sus desafíos, traducida en movimientos en ocasiones innecesarios, distantes del plan táctico y que, como en la tierra del Big-Ben, le pueden pasar factura en el futuro.

La situación del relevo no es preocupante, el empuje de los juveniles y la casi segura progresión de esta joven armada (solo Mijaín y Estrada repitieron de Beijing) hace pensar en la continuidad de la cadena dorada que iniciaron en la ciudad condal.

 

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