Cuando
la próxima semana Adriana Pérez, esposa de Gerardo Hernández, rinda
tributo al Che en La Higuera, en nombre de los Cinco cubanos
antiterroristas presos en Estados Unidos, se escenificará allí un
encuentro mítico entre grandes hombres, paradigmas de América Latina
y el mundo.
Seis héroes de diferentes generaciones, todos de profundas
convicciones revolucionarias, apretarán sus manos desde el centro de
la Tierra y las cárceles norteamericanas, haciendo temblar la tierra
andina boliviana donde el Guerrillero Heroico fue asesinado hace 45
años, pero a pesar de su desaparición física sigue irradiando
fuerzas para luchar por la emancipación plena de Latinoamérica, y
contra la injusticia y el dominio imperial norteamericano.
Los barrotes de las cárceles de Estados Unidos se estremecerán al
unísono cuando San Ernesto, con su eterna temida firmeza, reclame la
liberación de Cinco cubanos que desde hace 14 años son prisioneros
de Washington por defender a su pueblo del terrorismo de Estado.
Gerardo, René, Antonio, Ramón y Fernando, seguidores
indiscutibles del Che, honrarán a su vez al hombre que junto al
líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, libró a la Isla
caribeña de las tenebrosas garras del Tío Sam, y encendió la llama
de rebeldía antimperialista en esta región.
Como el Che, los Cinco hicieron, en silencio, lo que tenían que
hacer, impedir a tiempo con la defensa de la independencia de Cuba
que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con
esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América.
Similar a Ernesto Guevara y al apóstol inspirador de las luchas
libertarias en la Mayor de las Antillas, José Martí, los cubanos
condenados por Washington han vivido en el monstruo y le conocen sus
entrañas, y con su valentía han segado de la anexión de los pueblos
de Latinoamérica al Norte revuelto y brutal que les desprecia.
El encuentro mítico entre el Che y los Cinco intensificará los
intensos vientos de soberanía que soplan por estos tiempos en
América Latina, que clama hoy con mayor fuerza por dejar de ser, de
una vez por todas, el traspatio que ha sido siempre de Washington.
La resistencia de los cubanos condenados injustamente en Estados
Unidos constituye otro ejemplo, en este convulso siglo XXI, del
propósito de los pueblos latinoamericanos de librarse de las cadenas
imperiales, y transitar por los caminos que trazó el Che para la
emancipación y la integración de la Patria Grande con la que soñó
Simón Bolívar.