Medicamentos en la tercera edad

José A. de la Osa
delaosa@granma.cip.cu

Consumir "más medicamentos" no es siempre sinónimo de "más salud", puso de relieve la doctora Midsay López Leyte, especialista en Farmacología, al valorar el contexto social en el que nos encontramos, donde la pirámide poblacional expresa un acelerado ritmo de envejecimiento —el 17,9 % de los cubanos son mayores de 60 años— y la expectativa de vida ronda los 78.

Recordemos que las enfermedades crónicas no trasmisibles constituyen las causas fundamentales de muerte, de ingresos hospitalarios y de discapacidad, entre ellas las del corazón, los tumores malignos, las cerebrovasculares, la diabetes mellitus, las respiratorias, la cirrosis hepática y la afección renal crónica.

Un lugar destacado en esa lista lo ocupa también la hipertensión arterial, que se sitúa en el primer lugar de las atenciones de urgencia.

No sorprende por ello que en nuestro país el consumo de fármacos en la llamada tercera edad sea como promedio de cuatro a ocho medicamentos por persona, según investigaciones recientes, lo que es calificado por los expertos como polimedicación, así denominada la administración a un paciente de cuatro o más fármacos de forma simultánea.

Agréguese que un 11 % de nuestros ancianos viven solos o con otros ancianos, por lo que es fácil comprender que pueden ocurrir confusiones entre fármacos, así como olvidos que ocasionen incumplimientos en los tratamientos y contribuyan a su ineficacia. Si tenemos en cuenta también que esta población es proclive a la automedicación, ello agrava las consecuencias de la polimedicación.

La doctora López Leyte, quien se desempeña en la Dirección Nacional de Medicamentos y Tecnologías Médicas del Ministerio de Salud Pública, considera que es necesario adoptar medidas para minimizar las consecuencias negativas de la polifarmacia, y citó entre ellas la reevaluación periódica de los tratamientos farmacológicos, a fin de retirar los que ya no sean necesarios y, al mismo tiempo, evitar el empleo de fármacos potencialmente inapropiados.

Planteó que el paciente anciano posee características fisiológicas que pueden alterar la respuesta a los medicamentos y generar, por ejemplo, alteraciones en la absorción de las sustancias administradas por vía oral.

Otros procesos naturales como el metabolismo y la eliminación se hallan disminuidos, lo que favorece la acumulación de los medicamentos en el organismo y se incrementen así las posibilidades de toxicidad y efectos adversos.

¿Dónde situar entonces las fronteras entre el buen uso y el abuso de medicamentos en el adulto mayor? El buen uso: en seguir al pie de la letra las indicaciones médicas; el abuso, viene dado por la administración inadecuada en la cantidad de medicamentos o en las dosis.

Es importante también que no se administren fármacos inespecíficos para síntomas más inespecíficos aún. A veces una simple reducción de la dosis, o un consejo sobre el estilo de vida, son suficientes para lograr la mejoría de algún trastorno.

 

 

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