Consumir "más medicamentos" no es siempre sinónimo de "más
salud", puso de relieve la doctora Midsay López Leyte, especialista
en Farmacología, al valorar el contexto social en el que nos
encontramos, donde la pirámide poblacional expresa un acelerado
ritmo de envejecimiento —el 17,9 % de los cubanos son mayores de 60
años— y la expectativa de vida ronda los 78.
Recordemos que las enfermedades crónicas no trasmisibles
constituyen las causas fundamentales de muerte, de ingresos
hospitalarios y de discapacidad, entre ellas las del corazón, los
tumores malignos, las cerebrovasculares, la diabetes mellitus, las
respiratorias, la cirrosis hepática y la afección renal crónica.
Un lugar destacado en esa lista lo ocupa también la hipertensión
arterial, que se sitúa en el primer lugar de las atenciones de
urgencia.
No sorprende por ello que en nuestro país el consumo de fármacos
en la llamada tercera edad sea como promedio de cuatro a ocho
medicamentos por persona, según investigaciones recientes, lo que es
calificado por los expertos como polimedicación, así denominada la
administración a un paciente de cuatro o más fármacos de forma
simultánea.
Agréguese que un 11 % de nuestros ancianos viven solos o con
otros ancianos, por lo que es fácil comprender que pueden ocurrir
confusiones entre fármacos, así como olvidos que ocasionen
incumplimientos en los tratamientos y contribuyan a su ineficacia.
Si tenemos en cuenta también que esta población es proclive a la
automedicación, ello agrava las consecuencias de la polimedicación.
La doctora López Leyte, quien se desempeña en la Dirección
Nacional de Medicamentos y Tecnologías Médicas del Ministerio de
Salud Pública, considera que es necesario adoptar medidas para
minimizar las consecuencias negativas de la polifarmacia, y citó
entre ellas la reevaluación periódica de los tratamientos
farmacológicos, a fin de retirar los que ya no sean necesarios y, al
mismo tiempo, evitar el empleo de fármacos potencialmente
inapropiados.
Planteó que el paciente anciano posee características
fisiológicas que pueden alterar la respuesta a los medicamentos y
generar, por ejemplo, alteraciones en la absorción de las sustancias
administradas por vía oral.
Otros procesos naturales como el metabolismo y la eliminación se
hallan disminuidos, lo que favorece la acumulación de los
medicamentos en el organismo y se incrementen así las posibilidades
de toxicidad y efectos adversos.
¿Dónde situar entonces las fronteras entre el buen uso y el abuso
de medicamentos en el adulto mayor? El buen uso: en seguir al pie de
la letra las indicaciones médicas; el abuso, viene dado por la
administración inadecuada en la cantidad de medicamentos o en las
dosis.
Es importante también que no se administren fármacos
inespecíficos para síntomas más inespecíficos aún. A veces una
simple reducción de la dosis, o un consejo sobre el estilo de vida,
son suficientes para lograr la mejoría de algún trastorno.