Dejando a un lado la enmienda a la totalidad del sistema que yo y
tantos millones proponemos, pero ya dentro de la argumentación al
uso de políticos y periodistas sobre lo que cobran los políticos
españoles, brillan por su ausencia razonamientos fundamentales.
Cuando, además de repetir sus defensores que no todos los
políticos son iguales para evitar decir algo que comprometa la
figura del político propiamente dicho, las dos razones principales
alegadas por ellos son: 1, que cobran menos que los políticos
europeos. 2, que si cobrasen menos se irían a la empresa privada.
Pues bien, estos alegatos por sí mismos causan tanta consternación
como indignación causa comprobar qué han hecho de este país los
políticos españoles.
Refutación. En primer lugar, si cobran menos que los europeos,
también cobran menos los trabajadores españoles y no solo los
políticos. En segundo lugar, hasta ahora durante esta democracia
farsante nadie nos dijo que un político no es un servidor del pueblo
con vocación, y que este servicio no tiene por qué remunerarse como
un quehacer penoso para compensar lo ingrato, como es el trabajo de
un minero, por ejemplo. En tercer lugar, la migración frecuente es
de la empresa privada a la política. En cuarto lugar, mal ejercerá
la política el político, como mal enseñante será el profesor o mal
sacerdote será el cura de almas, si el esmero en su trabajo depende
de la mucha o poca retribución.
Por último, después del desastroso final al que nos han conducido
los políticos españoles, es miserable no ponerse de acuerdo con que
no solo están excesivamente pagados, es que todos merecen que se les
eche de la política, cortésmente o a patadas.
La prueba de que todos cuantos pertenecen a las instituciones y a
los medios están enfermos de corrupción, y que ha triunfado el
villano pensamiento único, esto es, el neoliberal, es que se ríen a
carcajadas cuando se les recuerda el paradigma del político ático al
que se refiere a menudo Montesquieu, padre de la democracia moderna:
aquel senador de la antigua Grecia que un día salió del Senado dando
saltos de alegría, porque había sido elegido en su lugar otro
ciudadano con más merecimientos que él¼
Exactamente lo contrario de las razones que llevan a la política a
la mayoría de los cualquier cosa para entrar en ella sin más
vocación que enriquecerse a toda costa. (Tomado de
Argenpress.info)