Hablemos hoy de cómo se elige al presidente de Estados Unidos. Se
realiza de manera indirecta mediante el sufragio de "electores"
escogidos por cada estado y no por el voto directo mayoritario de
los ciudadanos del país con derecho a votar.
La Constitución y las leyes electorales de Estados Unidos
establecen que los estados tienen en la elección un peso
proporcional a la cantidad de residentes del estado. Para elegir al
presidente y al vicepresidente, cada estado selecciona un número de
"electores" igual a la cantidad de representantes y senadores que el
estado tiene derecho a enviar al Congreso Federal.
En la actualidad, el número total de "electores" en el país es de
538, en correspondencia con los 435 representantes y 100 senadores
federales, más tres "electores", que se otorgan al Distrito de
Columbia (donde radica Washington, la capital federal) al cual se le
confieren los mismos derechos que a un estado. Al conjunto de
"electores" de un estado se le conoce como los "votos electorales"
del estado.
Los votantes en cada estado ejercen su voto para elegir no al
presidente y el vicepresidente, sino a los "electores" (en el caso
de las elecciones del 2012 se hará el 6 de noviembre próximo),
depositándolo a favor de una boleta donde aparece la lista de
personas ("electores") que se comprometen a votar por el candidato
de un determinado partido a la presidencia. Esta lista es única por
cada partido en cada estado y se vota "candidatura completa". Todos
los estados han establecido que la lista que ha recibido la mayoría
de los votos en el estado gana todos los "votos electorales". Solo
hay una lista ganadora de todos los "votos electorales" en cada
estado. Las excepciones son los estados de Maine y Nebraska, donde
se asignan a los candidatos "votos electores" según la mayoría de
votos obtenidos en los distritos congresionales y también por el
total de la votación en el estado.
El conjunto de los "electores" elegidos en los 50 estados y el
Distrito de Columbia constituyen el llamado Colegio Electoral, que
no es una institución sino el acto formal mediante el cual los
"electores" envían al Presidente del Congreso federal una
certificación de sus votos por el candidato cuya lista integraron.
Cada estado reúne su Colegio Electoral el primer miércoles después
del segundo martes de diciembre, y posteriormente el siguiente 6 de
enero el Congreso federal, en sesión conjunta de ambas cámaras,
cuenta los "votos electorales" y da carácter formal a la elección
del presidente de la nación.
Este procedimiento se ha convertido en un simple ritual, porque
ya desde el mismo día de la elección en noviembre se asume que los
próximos presidente y vicepresidente de la nación son aquellos que
han acumulado el voto a favor de la lista de sus "electores" de un
número de estados que alcancen la cifra de al menos 270 "votos
electorales".
Por eso, los esfuerzos de los equipos de campaña de los
aspirantes a la presidencia se concentran en ganar estados y no en
la votación a nivel nacional. En teoría se puede perder la mayoría
de los estados y obtener los "votos electorales" necesarios para
ganar la presidencia.
Solo los partidos Demócrata y Republicano tienen las condiciones
fijadas por la ley y el respaldo financiero y organizativo
suficientes para poder registrarse en los cincuenta estados y
aspirar a obtener el mínimo de "votos electorales" necesarios para
elegir al máximo dignatario de la nación. Se necesita de una
estrategia con base en la "matemática electoral" para garantizar la
victoria en un número suficiente de estados.
Desde 1960, y sobre todo a partir de 1992, se ha ido produciendo
paulatinamente un proceso en que en un grupo mayoritario de estados
el voto de la población va siempre a favor del candidato del mismo
partido. Son los llamados estados "sólidos" a favor de uno u otro
partido. Queda una minoría de estados donde a veces se vota por el
candidato demócrata y a veces por el republicano; son los llamados
"estados pendulares" (swing states, en inglés).
Eventualmente en algunos estados sólidos con-curren
circunstancias diversas producto de las cuales en un estado, a pesar
de tradicionalmente ser considerado sólido por un partido, se abre
la posibilidad de que la elección la gane el partido contrario. Son
los llamados "estados abiertos" (open states, en inglés).
La suma de los "pendulares" más los "abiertos" constituyen los
estados del campo de batalla (battleground states, en
inglés), donde se deciden las elecciones presidenciales de Estados
Unidos, criterio en el cual hay consenso entre los analistas y
observadores políticos, dentro y fuera de Estados Unidos.
Otro aspecto clásico de la estrategia electoral es la mecánica
que incluye la identificación de los votantes; el trabajo de
captación de votos; y la planificación, organización y ejecución
para garantizar la concurrencia a las urnas de sus partidarios. En
la nueva era de las ciencias de la computación y la informática,
estas son tareas que requieren de una alta especialización y de
cuantiosos recursos humanos y financieros.
Actualmente, tomando estas distintas categorías de estados y el
conjunto de pronósticos de los principales medios de difusión y
organizaciones políticas sobre la campaña electoral del 2012,
podemos afirmar que se consideran sólidamente decididos a favor de
Obama 17 estados que le aportan 216 "votos electorales". Hay 22
estados considerados sólidamente a favor de Romney que le aportan un
total de 181 "votos electorales".
Con bastante certeza, hay doce estados entre "pendulares" y
"abiertos". Son nueve los "pendulares": Nevada, Nuevo México,
Colorado, Iowa, Missouri, Ohio, Virginia, Florida y New Hampshire.
"Abiertos" hay tres: Wisconsin, Michigan y North Carolina.
Obama cuenta con ventaja en Colorado (9 "votos electorales"),
Iowa (6), New México (5), y Michigan (16), para un posible total de
36 "votos electorales" adicionales. Sumándole los 216 "votos
electorales" sólidos, habría llegado a 252, y necesitaría 18 para
lograr la reelección.
Romney goza de ventaja en Wisconsin (10 "votos electorales"),
Missouri (10) y North Carolina (15), para un total de 35 posibles,
que sumados a los 181 "sólidos" representaría un gran total de 216
"votos electorales" y le faltarían 54 para conquistar la Casa
Blanca.
Esta proyección infiere que el "campo de batalla" se ha reducido
a cinco estados con un total de 70 "votos electorales" en los cuales
cada uno de los candidatos tiene que obtener los que le faltan para
ganar la elección. En estos cuatro estados la contienda parece
marchar bastante pareja y en ellos Obama y Romney y sus respectivos
equipos tendrán que realizar los máximos esfuerzos. Estos estados
aportan los siguientes "votos electorales": Ohio (18), Florida (29),
Virginia (13), Nevada (6) y New Hampshire (4). Una vez más, Florida
y Ohio pueden ser la clave de quién será el próximo presidente de
Estados Unidos.
Antes de concluir, una aclaración necesaria: este escenario
electoral es solo una de las disímiles variantes que se pueden
elaborar sobre la base de la información disponible. Pero cualquier
variante arribará a la misma conclusión: en las circunstancias
actuales, la batalla decisiva se entablará en un pequeño número de
estados.
Y en ese momento final, la "mecánica electoral" será decisiva:
identificar al posible votante, convencerlo de que vote por el
candidato y garantizar que concurra a las urnas.