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Búfalos en el Cauto
Nueva embestida por la ganadería
DILBERT REYES RODRÍGUEZ
Aunque hace más de dos décadas que llegó el primer búfalo a la
ribera norte del río Cauto, justo a los predios de la granmense
Empresa Agropecuaria Roberto Estévez Ruz, el tiempo pasó entre el
experimento y la decisión de extender la crianza. Sin embargo, el
2012 por fin parece un año de despegue para el fomento de la
preciada especie ganadera.
En
la Estévez Ruz existen hoy mejores condiciones para fomentar la cría
del búfalo.
Nótese que en apenas ocho meses, de solo 305 cabezas en enero, la
masa actual ya supera las 700 y la natalidad es del 95 %; una luz
que alumbra hacia la meta de tener 5 000 ejemplares en el 2017.
Así lo confirmó Armando Santiesteban, director de la empresa,
quien asegura que el desarrollo del búfalo en su entidad ya no
depende de la inexperiencia y la improvisación; "porque hoy existe
una sólida cultura de manejo, y sobre todo, una infraestructura
adecuada al animal, que garantizan el crecimiento sostenido de la
masa".
Doris
Rojas es la única mujer aquí que se atreve con los búfalos.
Al menos la creación de condiciones de cría es notable en los
potreros de la granja Miguel Tamayo, la Unidad Empresarial de Base (UEB)
encargada del empuje bufalino, donde el cercado eléctrico, las
decenas de lagunas y pantanos construidos, los canales limpios de
malezas, los focos de sombra natural y las saludables áreas
forrajeras, avalan la seriedad del empeño.
También la robusta imagen de los animales es buen augurio. A un
lado del camino real están los temibles pantaneros, de tarros
peinados (rectos hacia atrás), y del otro los de río, de cuernos
enroscados. Armando explica que la distinción de razas responde a su
calidad para uno u otro fin. "El pantanero convierte más rápido el
alimento en carne y alcanza pesos superiores a la media tonelada,
mientras la hembra de río es lechera por excelencia".
El exhaustivo estudio de comportamiento definió la determinación
de la empresa de enrolarse en las tres etapas del manejo: la
reproducción, el desarrollo y la ceba; siendo esta última la que más
entusiasmo e inyección económica genera.
No puede ser de otra forma si hablamos de un peso promedio de 475
kilogramos en el macho y que ha llegado hasta 560. "Además,
incorporamos a este empeño las hembras ya inútiles para la
reproducción, que en tres meses y, bajo régimen especial de comida,
alcanzan 430 kilogramos promedio", expone Enaudi Pérez, jefe técnico
de desarrollo.
"En el macho sí empezamos desde la categoría de añojo, y después
de 24 meses ya es un toro cebado. Las ganancias se anuncian solas
cuando usted analiza que un macho vacuno llega a 420 kilos en 36
meses, mientras un búfalo logra 480 en 25 o 26", compara Gerardo
Lago, director de la UEB.
"Aunque la ceba requiere altos volúmenes de pienso, parte de este
se suple con pasto natural suficiente, dieta de caña molida y king
grass, más las sales requeridas. El aprovechamiento alimentario es
eficiente porque duermen sueltos en el potrero y vienen a la nave
solo por la comida controlada. Luego de una década sin hurto, el año
pasado hubo uno, pero fue recuperado el animal y sancionado el
ejecutor", dijo.
"Para la ceba promovemos preferentemente al pantanero, de cuya
raza tenemos un coto puro de 200 animales; pero, por supuesto, el
macho de río también tiene ese fin, aunque en menor cuantía", acota
Enaudi.
"Por el contrario, para la primera lechería en construcción ya
tenemos separada una manada exclusivamente de río, la cual permitirá
incrementar el rendimiento lechero", detalla.
TEMPLE Y MAÑA GANADERA
Complace ver que, aunque bien internados en la llanura fluvial y
casi en el justo centro del territorio oriental cubano, los
ganaderos de la granja Miguel Tamayo conservan la elegante tradición
del atuendo vaquero y las artes del manejo animal.
La buena imagen del hombre sobre hermosos caballos es signo de la
gallardía y el temple requerido en la cría del búfalo, pero también
lo es de una mentalidad de progreso, evidente en los nueve
ingenieros —agrónomos y pecuarios—, que trabajan directo en la base
productiva.
Sin embargo, la capacitación rebasa el título académico y tiene
un espacio cada día antes de salir a la captura de búfalos salvajes
o a las rutinas ganaderas.
"Nunca han ocurrido accidentes lamentables porque las medidas de
seguridad aquí son leyes: no ingerir bebidas alcohólicas mientras se
trabaja, ir siempre sobre el caballo, no hacer carreras, andar en
parejas por el monte, enlazar y amarrar los búfalos entre dos o
tres, nunca solos, entre otras reglas", subraya Enaudi Pérez.
"Es que el búfalo solo se adapta al hombre o al pequeño grupo que
lo maneja, es celoso con los extraños", comenta Lago.
En la cuadrilla de jinetes resalta la belleza femenina de Doris
Rojas, técnica de control ganadero y la única mujer en toda la
empresa que se atreve al contacto directo con búfalos.
"Estoy con ellos cuando nacen, al momento del destete, en el
marcaje, y a la hora de embarcarlos. También cuando se realizan
compraventas y voy en los traslados de un cebadero a otro.
"Soy técnico de nivel medio en Economía, aunque hace cinco años
dejé la oficina para venir a los corrales. Siempre me gustó la
ganadería y mi estreno fue con los búfalos, algo diferente y
encantador".
Ninguno en la granja simula el entusiasmo. La economía familiar y
la de la entidad apuntan a la recuperación con los crecientes
dividendos que les va dejando la especie en desarrollo. |