Al estilo de Sara González fue el homenaje que en su jardín, el
de la Gorda, le rindió el Centro Cultural Pablo de la
Torriente Brau, que por primera vez, el domingo último, trasladó
la sede habitual de su espacio A guitarra limpia, para
rendir tributo a la figura femenina más reconocida de la Nueva Trova
Cubana, justo en el lugar que ella hizo suyo.
Sara
González en el "Concierto por la Patria".
Con la alegría que ella quería, como dijo Víctor Casaus, director
del citado Centro, se desarrolló el homenaje, con el que la Brigada
puertorriqueña de solidaridad Juan Rius Rivera finalizó su
programa de actividades en Cuba, que el 13 de julio incluyó un
encuentro con trovadores, realizado en el Centro Nacional de
Educación Sexual, en el que se recordó a la cantautora en el día de
su cumpleaños.
"A esa fecha tan significativa -expresó Casaus- al coraje, a la
sana alegría, al talento, al compromiso con las ideas hermosas que
compartimos con Sara está dedicada esta jornada", y también a la
brigada Juan Rius Rivera, procedente de Puerto Rico, país que
junto a Cuba constituyen del pájaro las dos alas.
Recordó que de ambas tierras "es el hermanito
puertorriqueño-cubano Pablo de la Torriente Brau, ejemplo de muchas
cosas que hay que defender y amar en la vida".
Luego de tales palabras y ante una notable concurrencia de
personalidades de diferentes esferas y público en general, llegó
Heidi Igualada presentada por Martha Campos, conductora del
espectáculo, que tuvo como primera actuación la del grupo
Sarabanda, dirigido por el maestro Pucho López, que
inició la tarde con música de memorables canciones de Sara.
Luego de Heidi, con su talento y sensibilidad, fue el turno de
Ángel Quintero, quien con su siempre original modo de
invitarnos a pensar, propuso des-.globalizar el paladar para
sustituir la coca-cola por otras bebidas que se aproximen a las
peculiaridades de cada lugar, en un llamado singular a la defensa de
la identidad.
En este homenaje a Sara González también estuvo la voz chilena a
través del joven Juan Francisco Lastra y el grupo Secuaces,
para hacernos partícipes de la actualidad de su país y aspiraciones
sociales que defienden.
No faltó al encuentro Juan Carlos Pérez con su excelente voz e
interpretación, seguido del dúo Jade, que llegó con sus
renovadoras energías, alegría y empaste digno de destacar.
Esperada y muy ovacionada fue la participación de Beatriz
Márquez, quien fue compañera de estudios de Sara y con quien en este
mismo escenario hizo dúo en dos canciones que también en esta
ocasión interpretó: "Dame un beso" y "Espontáneamente". Ambas
tuvieron gran acogida en el público que le solicitó una tercera
pieza: "Vieja luna", también muy aplaudida y como siempre,
admirablemente interpretada.
Una sorpresa al final parecía un guiño de la Gorda: uno de sus
amigos, apareció desde el público y cerró con la Guantamamera. Al
lado del improvisador, Martha Campos, alma de este homenaje.
Casi al término del concierto y cuando todos los trovadores se
disponían al canto colectivo de una de las emblemáticas canciones de
Sara, irrumpió en el escenario uno de los tantos amigos que su
humanismo y sensibilidad le llevó a tener, para improvisar una "Guantanamera"
que en dos de sus estrofas reconocía a la Asociación Nacional del
Ciego para finalmente agradecer a Fidel y a la Revolución.
Así fue la tarde del último domingo de julio en El jardín de
la Gorda, a donde, desde España llegó el mensaje de Diana
Balboa, su compañera de siempre, quien daba "gracias por la
fidelidad y a la entrega".