Amaya Rodríguez y José Carlos Lozada

Dos jóvenes talentos en escena

TONI PIÑERA

Una de las más reconocidas maravillas naturales de Nuestra América: las cataratas de Iguazú, situada entre las fronteras de Argentina y Brasil, se vestirá de danza y reaparecerá este fin de semana sobre las tablas de la sala García Lorca del GTH en La leyenda del agua grande, del joven coreógrafo Eduardo Blanco, que viera la luz, con rotundo éxito, hace poco más de dos años.

Foto: Nancy ReyesAmaya Rodríguez en El lago de los cisnes.

Entre las figuras que ocuparán los papeles protagónicos en estas jornadas se cuentan: Amaya Rodríguez y José Carlos Lozada, quienes vestirán la piel de Naipi y Tarobá, respectivamente, en la apertura de la temporada (3 de agosto). Ocasión en que volverán a dialogar en escena luego de las triunfales funciones en la Gala: Los virtuosos, grandes momentos de la danza, que rindió homenaje, recientemente, a bailarines de la talla de Alicia Alonso, Mijail Barishnikov, Pina Bausch, Isadora Duncan, Margot Fonteyn, Martha Graham, Vaslav Nijinski, Maya Plisetskaia, Anna Pavlova y Vladimir Vassiliev, en los cuales se sustentan los pilares esenciales del ballet clásico y la danza contemporánea.

Durante casi dos meses, los jóvenes bailarines principales desandaron la geografía española, como parte de ese encuentro que reunió destacadas figuras de la danza internacional, llegadas del Ballet Estatal de la Ópera de Bashkirian (Rusia), de la Compañía Sanpapie, de Italia; del Teatro de la Ópera de Bucarest y el Ballet Nacional de Cuba en sus personas. Sonrientes por la labor cumplida, Amaya y José Carlos contaron a Granma sus aventuras.

Numerosos puntos de la península ibérica tocaron en esos 60 días (Murcia, Córdoba, Castellón, Ciudad Real, Alcorcón, San Cugat, Huesca, Manresa, Albacete, Avilés, Toledo, León, Madrid, Santiago de Compostela, Vigo... ), 26 funciones en las que danzaron hasta el delirio. Ellos bailaron los pas de deux del cisne blanco y el cisne negro, del segundo y tercer actos de El lago de los cisnes, y el de Don Quijote (tercer acto). Según narraron los bailarines, el espectáculo, que contó con la dirección de dos grandes de la danza cubana: Marta García y Orlando Salgado, comenzaba con una obertura donde participaban las cuatro parejas juntas, y luego cada una danzaba obras del repertorio internacional. José Carlos, un bailarín de un hálito muy particular en el BNC, quien que ya ha dejado huellas interpretando los protagonistas de clásicos como Lago, Don Quijote, Cenicienta, Otelo... , dejó saber que le gusta interpretar los ballets fuertes, a pesar de que por su forma natural de ser puede parecer que se inclina hacia los más románticos... , "todos me gustan, hasta lo contemporáneo, que es algo que sueño poder hacer algún día". Y en los clásicos espera con ansias poder interpretar el Albrecht de Giselle. "Estoy contento, orgulloso con lo que he podido lograr en mis casi ocho años con la compañía, donde he trabajado mucho, ha sido, claro, con esfuerzo y mucho tesón".

¿De la Gala?... Están conscientes de lo que significó para ellos, personalmente y en colectivo, pues, refiere la también bailarina principal Amaya Rodríguez, estábamos representando a la Escuela Cubana de Ballet, a la compañía y a Alicia Alonso, era un reto que sobrepasamos con fuerza. Eso nos animó mucho, nunca olvidaremos las ovaciones recibidas".

 

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