LONDRES.—
Hace 64 años, cuando Londres acogió los Juegos Olímpicos, la ciudad
estaba tan deprimida por las cicatrices de la Segunda Guerra Mundial
que los atletas debieron dormir en barracones, varios países
contribuyeron llevando sus propios alimentos, las medallas fueron de
hojalata y en total su organización solo costó 750 mil libras (1,1
millón de dólares). De ahí que, sin duda, aquellos "Juegos de la
Austeridad" contrastarán sobremanera con los que se apresta a
celebrar ahora la capital británica.
Con un monto de 9 300 millones de libras que ha cuadruplicado el
presupuesto inicial del evento, Londres no solo se ha maquillado
como una duquesa para la boda de su hija, erigiendo súper estadios,
rascacielos y gigantescos centros comerciales para los deportistas y
espectadores que llegarán de todo el mundo; sino que encima ha
debido renovar y expandir el transporte público, aunque —según un
sondeo de YouGov— únicamente un 25 % de los británicos cree que la
red soportará la afluencia de visitantes.
Es de notar, además, que las 4 700 medallas acuñadas para premiar
a los vencedores serán las más grandes y caras de la historia, y que
en su afán de atraer turistas y realzar el espectáculo, la ciudad ha
preparado un rico y cosmopolita cóctel de eventos culturales,
convocando a afamados artistas como el ex Beatle Paul McCartney.
De hecho, tan solo la ceremonia de apertura costará 27 millones
de libras y tanto es el fasto y el misterio que rodea el espectáculo
dirigido por el cineasta Danny Boyle para impresionar a los 80 000
espectadores en el estadio y a los millones de personas que seguirán
la ceremonia por televisión, que el rotativo Sunday Times apostó
bromista por "Mary Poppins descendiendo del cielo para salvar a los
niños aterrorizados por Voldemort", el oscuro enemigo del mago Harry
Potter en las novelas de J.K. Rowling. Lo que no sería demasiado
descabellado para unos Juegos que definitivamente no han escatimado
en gastos.