Para ofrendarle la gratitud de la palabra y en presencia de
Zuleica Romay, presidenta del ICL, y los respectivos embajadores de
Argentina y de Grecia, Juliana Marino y Pantélis Carcabassis, la
acompañó un panel que integraron junto a Morales, los poetas César
López; Caridad Atencio, Tony Armenteros y el escritor Alberto
Garrandés, quien agradeció "la suerte de merecer su oficio" y de que
ella "haya alentado en nosotros la idea de la lealtad a la
literatura y a la poesía, que es una forma de ser leal a la libertad
de la creación".
"Me he preguntado muchas veces —comentó Garrandés con el acierto
que aprueban los que también se lo cuestionan— cuáles son los
fundamentos de la articulación que se produce entre su personalidad
inquieta, vivaz, y su escritura asentada, cimentada con severidad y
con una singular prudencia estilística, que vemos en libros suyos
como Espectáculo privado y Cuando ya el paisaje es otro
(Premio de la crítica 2009)".
Las más añejas anécdotas que compartieron con el público sus
colegas se remontaron a los primeros años en que Basilia se
incorpora a la polémica vida cultural del país, cuando aprovechó
para reunir en casa de Pablo Armando Fernández a un grupo de
intelectuales, entre los que se encontraba César —quien nos lo
cuenta— y presentarles a su amigo Julio Cortázar, uno de los más
importantes narradores de Latinoamérica y de nuestra lengua, o
cuando representando al periódico Juventud Rebelde, donde desplegara
una encomiable labor a favor de la poesía, fuera a las Olimpiadas de
Moscú’ 80 para reportar las actividades culturales efectuadas a
propósito de la cita.
Sobre su ejercicio lírico apuntó: "Basilia nunca deja de ser
poeta, trabaja la poesía buscando la profundidad de la cultura y del
conocimiento. Vive en los pronombres, pero asimilando la historia
del diálogo, del tú y del yo".
Su obra tiene como principal virtud —reconoció Atencio— la de no
parecerse a otra y ser a primera vista rara y difícil de aprehender.
Y acotó cómo ella, fiel a su misión, no abandona jamás "esa
laboriosidad constante en su afán por promover la poesía joven en la
isla" que acoge en su ya vieja tertulia Aire de luz, "que es como la
mamá de otros espacios similares".
Bien adentro de sus poemas hurgó Armenteros para explicar, entre
muchos otros apuntes, el modo en que "el yo lírico de su poesía —que
no se puede comprender por lo que es, sino por lo que será— se
divide en más personas, más bien en personajes y cómo en ellos
persiste un optimismo que masacra la negatividad".
Referencias particulares de los panelistas a su labor como
subdirectora de la revista literaria La Letra del Escriba, en la
preparación de varias antologías de literatura cubana y su papel
fundamental como coordinadora del Premio Iberoamericano de Cuento
Julio Cortázar, que se celebra anualmente en el país, justifican con
creces las palabras epilogales de Armenteros:
"Basilia dejó de ser griega por información genética; argentina
por nacimiento; francesa por formación; al fin ya es cubana por
decisión literaria irrevocable".