PARÍS, 8
de Julio.— El presidente de Francia, François Hollande, y la
canciller alemana, Angela Merkel, apelaron hoy en el 50 aniversario
de la reconciliación entre sus dos países a la necesidad de que
Europa se mantenga unida para llevar a cabo el "trabajo hercúleo" de
superar la crisis.
En una ceremonia celebrada en Reims, localidad del norte del país
en la que este mismo día de 1962 el canciller Konrad Adenauer y el
general Charles de Gaulle sellaron oficialmente la amistad entre
ambas naciones, los dos mandatarios aprovecharon la oportunidad para
reforzar ese vínculo y pedir que avance el camino que se han
marcado.
"El desafío de Europa ya no es su reconstrucción, sino su
transición", dijo Hollande en su discurso, en el que destacó que el
actual desafío de la Unión Europea "no es el primero ni será el
último, pero puede suponer un nuevo punto de partida".
Para el presidente, los integrantes de la UE deben apostar por
"aliar competitividad y solidaridad, soberanía nacional y compromiso
europeo", e incrementar el ritmo que conduzca a la unión política y
permita que "Europa vaya más lejos".
La jornada se inició con una misa en la catedral y al término de
la misma y a la entrada del templo tomó igualmente la palabra Merkel,
quien subrayó que el papel franco-alemán al frente del timón europeo
"no es exclusivo" y busca la colaboración del resto.
"La unión económica y monetaria tal y como fue concebida hace 20
años no es todavía lo suficientemente fuerte. Debemos completarla a
nivel político. Es un trabajo hercúleo, pero Europa es capaz", dijo
la canciller.
Con este encuentro se dio por inaugurada una serie de actos con
las que a lo largo del próximo año se va a celebrar esa
reconciliación oficial de los dos países, que llegó 17 años después
del final de la II Guerra Mundial.
"Quiero que a esta celebración se unan todos los socios", dijo el
presidente, para quien Francia y Alemania "no quieren dar lecciones,
sino simplemente dar ejemplo", y no buscan tampoco imitarse, "sino
reforzar sus vínculos para ser más fuertes juntos".
El día se vio ensombrecido por la profanación anoche en el
cementerio militar de Saint-Etienne-à-Arnes, a 40 kilómetros de
Reims, de 51 tumbas de soldados alemanes que fallecieron durante la
I Guerra Mundial y sobre la que ya se ha abierto una investigación.
"Ninguna fuerza oscura alterará la amistad franco-alemana",
destacó Hollande, que animó a la canciller a escribir juntos "una
nueva página" en la historia común de sus países, que perdure más
allá de sus mandatos.
El acto fue sobre todo, según Hollande, una suerte de homenaje a
De Gaulle y Adenauer, "dos visionarios en política", cuyo gesto
histórico, tal y como añadió la canciller, "solo puede apreciarse en
su justa medida mirando el largo camino recorrido".
"La amistad, una palabra fuerte, no se hereda, se cultiva, no se
conmemora, sino que se comparte. Es nuestro deber y
responsabilidad", le dijo el presidente, añadiendo que su buena
relación "es decisiva" a la hora de superar los retos que se le
plantean a la eurozona.
Ambos compartieron esa idea de que Francia y Alemania marcan el
camino pero no están solos, e incidieron igualmente en que la
posibilidad de superar la actual crisis y de que "Europa vaya más
lejos" reside en el hecho de mantener la confianza y la unidad con
el resto.
Con este llamamiento recurrente a la amistad, los dos mandatarios
dejaron de lado sus diferencias a la hora de abordar esa crisis,
sobre la que Hollande aprovechó para defender que "se impone avanzar
hacia un nuevo modelo de desarrollo, capaz de aliar resultados
económicos y progreso social".