Realmente deslumbrante, por el calado conceptual de las
propuestas y su altísimo nivel de realización técnica, resaltan las
exposiciones Maditierra, colectiva de seis creadores, y
Frontera caribeña, de Michael Caruge, ambas acogidas por el
Centro Provincial de Arte, diligentemente conducido por la artista
santiaguera Gretel Arrate.
Siendo diversas las expresiones allí desplegadas, todas, sin
embargo, coinciden en un punto: la elaboración de un discurso
crítico, y a veces desgarrador, sobre la identidad martiniquesa,
isla que todavía responde a un estatus colonial por mucho que
Francia la considere como territorio de ultramar y región con
relativa autonomía en su gestión.
Esa condición gravita sobre el origen y el destino de la creación
visual, los circuitos de legitimación y el sentido de pertenencia de
los artistas a una realidad determinada. En el caso de los que
exponen en Santiago, todos viven y trabajan en Martinica y defienden
la posibilidad de expresarse desde esa matriz.
Hervé Beuze, en cuya obra es visible su dedicación profesional a
la escenografía, resulta explícito en su reafirmación identitaria,
al asumir el mapa de la isla como punto de partida de sus
composiciones.
Robert Charlotte fotografía con pulcritud diríase aséptica, a los
personajes vinculados con la lidia de gallos. Raymond Medelice,
cercano a la estética de Basquiat, se apoya en los recursos gráficos
para comunicar diversos estados de ánimo. Helene Raffestin encarna
la perspectiva de género, la mujer como objeto y sujeto de consumo,
en tanto Sentier trata de pulsar en sus ejercicios panorámicos el
abigarrado paisaje físico y cultural de la isla.
Este cronista pudo intercambiar con uno de los seis creadores de
la muestra colectiva, Marc Marie Joseph, obsedido con la memoria
como factor dominante en sus realizaciones: "No podemos perderla,
pues entonces no sabríamos guiar nuestros pasos ni descubrir nuestra
manera de ser y sentir".
Joseph se presenta en Santiago con piezas que recorren los
caminos de la economía de plantación y la industria licorera, y las
marcas controvertidas pero auténticas que dejaron en la cultura
popular.
En cuanto a Frontera caribeña, Michael Caruge desarrolla
una secuencia de cuadros en los que devela las máscaras y
simulaciones, pero también las angustias y frustraciones de los
martiniqueses de la diáspora.
Al finalizar el recorrido por ambas exposiciones, habrá que
coincidir con unas palabras dichas por Hervé Beuze para explicarse a
sí mismo y valen para los demás: "No estoy a la búsqueda de una
cultura mítica. La cultura es un proceso de construcción permanente
como el magma del mundo."