SANTIAGO DE CUBA.— La colección editorial de la Casa del Caribe,
antiguo sueño de los fundadores de la institución, acaba de nacer
con la publicación de un título imprescindible para la comprensión
de la historia y la cultura de la región, El Caribe: dependencia,
integración y soberanía, del prestigioso intelectual jamaicano
Norman Girvan.
Presente en la Fiesta del Fuego 2012, Girvan quiso celebrar el
acontecimiento en un territorio que le es familiar, Santiago de
Cuba, y en un ámbito que ha frecuentado más de una vez y al que ha
aportado valiosas reflexiones, el coloquio internacional El
Caribe que nos une.
Prologado por la investigadora cubana Graciela Chailloux, quien
sitúa al autor como heredero del pensamiento crítico de C.L.R. James
(Los jacobinos negros) y Eric Williams (Capitalismo y
esclavitud), el libro abre con un ensayo que todos los
interesados en el tema debían repasar, Reinterpretando al Caribe,
en tanto confronta y esclarece el origen y las diversas nociones de
la caribeñidad.
Tanto en este texto como en otros incluidos en el volumen, Girvan
desmonta críticamente el legado colonial, las fantasías de-sarrollistas
basadas en la injerencia de las corporaciones transnacionales y la
aplicación de recetas neoliberales a determinados esquemas de
integración.
Particularmente lúcido es el breve ensayo que dedica a la Alianza
Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y su impacto en
las economías sociales de los pequeños estados insulares inscritos
en esa agrupación, con ostensibles beneficios y expresiones
realmente solidarias que contrastan con el frustrado ejercicio
hegemónico de las iniciativas propulsadas por Reagan, Clinton y Bush
para la Cuenca del Caribe y América Latina, y con resultados mucho
más coherentes y provechosos que los que se derivan de la asociación
con la Unión Europea.
Sin pretensiones de oráculo, Girvan propone una perspectiva de la
región hacia el futuro: "Si el Caribe fue una invención del siglo XX,
es evidente que será reinterpretado y quizás trascendido en el siglo
XXI. El Caribe de mañana no será una concepción anglófona o
hispánica y no estará atado a un espacio geográfico o a una
definición. Será una comunidad que comparta intereses y estrategias
económicas, sociales y políticas, con la inclusión de diferentes
lenguas y expresiones culturales, sin demérito para la diáspora
caribeña".