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¿Quién rompe el muro de la indolencia?
A más de una década de iniciada su
construcción, una pequeña central hidroeléctrica todavía no aporta
beneficios debido a un deficiente proceso inversionista
DILBERT REYES RODRÍGUEZ
La construcción de la obra, cuya propia denominación suponía una
ejecución rápida, inició en la cortina del referido embalse hace
nada menos que ¡11 años!
"Parece que el asunto no le duele a nadie", sentenció lapidario
el joven Adolys Núñez, director de la Unidad Empresarial de Base (UEB)
Hidroenergía Granma, cuando este rotativo preguntó sobre las nuevas
causas que impiden echar a andar de una vez la Pequeña Central
Hidroeléctrica (PCHE) de la presa Bueycito, en el serrano municipio
de Buey Arriba.
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En servicio, la Pequeña Central
Hidroeléctrica de Bueycito habría aportado energía limpia y
ahorrado miles de toneladas de combustible.
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Este muro, que todavía nadie ayuda a
romper, ha demorado más la puesta en marcha de la planta. |
Y para colmo de interrupciones sucesivas, ahora el obstáculo
final es el talud de concreto de un canal que habrá que romper¼
mejor dicho, que debió romperse hace cuatro meses, para dar salida
al agua desde la planta.
Sin embargo, esos mismos cuatro meses han sido el tiempo de
espera infructuosa, ya no por un buldózer que hubiera dado solución
rápida, sino por un compresor neumático y un operario avezado,
capaces de fracturar el muro y luego poder, por fin, apretar el
botón de arranque.
Y este es solo el último capítulo, porque sorprende aún más saber
que el abultado currículo de paralizaciones, casi nunca se debió a
la falta de recursos constructivos ni a la ausencia de la costosa
tecnología de hidrogeneración —más de ocho años guardada en
almacén—, sino a la desorganización de un proceso inversionista que
no dio prioridad ni planificó bien todo lo necesario para el montaje
de la PCHE.
A fin de ilustrar el potencial perdido, sépase que la instalación
—con 1,46 megawatt de potencia— desde hace tiempo habría aportado al
Sistema Electroenergético cerca de 7 000 megawatt/hora cada año, y
evitado consumir 2 000 toneladas de combustible en igual periodo.
Además, en consonancia con el Lineamiento 247, resultaría una
energía generada a partir de una fuente renovable y por medio de un
mecanismo inofensivo al medio ambiente.
UN CANAL HECHO A MANO
La historia comenzó con la llegada a Cuba de varias unidades
generadoras, de las cuales se decidió instalar dos en la presa
Bueycito.
Entonces administrada por la Delegación Provincial de Recursos
Hidráulicos y ejecutada por fuerzas locales del Ministerio de la
Construcción (MICONS), la obra civil se inició en el 2001, pero con
la inercia de un tropiezo tras otro, el objeto inconcluso fue
traspasado a Hidroenergía Granma en el 2009, "cuando ya eran
notables las señales del abandono en la edificación", afirma Adolys
Núñez, el director de la UEB adscrita al Ministerio de la Industria
Básica.
"Con nuestras propias brigadas de mantenimiento (apenas 20
hombres) remozamos cada detalle del edificio y en pocos meses
completamos el montaje tecnológico, hasta que chocamos con un
escollo gigantesco, cuya solución escapaba a nuestra capacidad y
objeto social: construir un canal de 39 metros de largo, desde la
salida de agua de la planta hasta uno similar por donde alivia la
presa.
"Si no lo hizo el MICONS, ¿cómo íbamos a hacerlo nosotros?
Buscamos apoyo en fuerzas constructoras especializadas, hubo visitas
y reuniones, pero la respuesta nunca apuntó a una solución. Para
colmo, en el punto de inicio del canal existía una enorme roca que,
según inferimos, frenó las acciones de los ejecutores anteriores.
"Por la importancia de la obra y ante la demora infinita,
decidimos empezar con medios propios, como pudiéramos. Trajimos un
moderno martillo desde Santiago de Cuba y rompimos la piedra, pero
otra vez no aparecieron las grúas para sacar los fragmentos de roca
y la tierra excavada, y resolvimos hacerlo a mano nosotros mismos,
cargándolos en carretillas", señaló Núñez.
Alberto Piñeiro, uno de los técnicos a pie de obra, detalló: "Así
hicimos el fondo de hormigón, represando el agua que se filtraba
desde el canal contiguo; fundimos allí mismo 43 losas prefabricadas
de aproximadamente dos metros cuadrados cada una, para vestir los
taludes, y después de esperar el demorado envío de una grúa desde
Pinar del Río, el cable de acero del equipo era muy corto y no
servía para colocar las piezas.
"Entonces, a riesgo de accidentes, inventamos un trípode rodante,
que remolcado por uno de nuestros jeeps, trasladaba una a una
las losas dentro del canal. Luego, el relleno —casi 40 metros a cada
lado— también se hizo manual, a fuerza de pala", explicó.
"Fue una verdadera proeza de los obreros, quienes, además,
trabajaron siempre bajo la fina y permanente llovizna que se forma
en la salida a presión del agua del embalse", destacó Núñez.
SOLUCIÓN DETRÁS DEL MURO
La conclusión es que a inicios de este año ya estaba terminado el
canal, y se había dado mantenimiento a los sistemas de controles y a
la subestación eléctrica.
"Era un momento óptimo para la generación, porque la demanda de
la Agricultura exigía a la presa un volumen de entrega superior a
los diez metros cúbicos por segundo, y con ocho la PCHE se hubiera
explotado al máximo de potencia", apunta Núñez.
"Pero lamentablemente, a pesar de advertir a todos los niveles la
necesidad de ser ágiles, nunca apareció el dichoso compresor para
perforar el canal, y cuando prestaron uno, fue por muy pocas horas y
sin el operador calificado que lo manejara en el plano inclinado del
talud de 50 centímetros de espesor", concluye.
¿Consecuencias?: no se hizo la prueba dinámica en turbinas; habrá
que repetir el mantenimiento y el certificado de aptitud del sistema
de control y la subestación, encareciendo la inversión, y además,
pasó la mejor etapa del riego agrícola. Hoy la presa está deprimida
(11 %), lo cual obliga a esperar a su recuperación para arrancar
la planta; aun cuando mañana mismo aparezca el equipo que rompa el
tabique.
¿Cómo entender que esto no pudo resolverse a tiempo, en un país
que lleva a punta de lápiz el consumo eléctrico, porque el petróleo
encarecido le impone el ahorro como necesidad y reserva económica?
El caso es otra lección de la urgencia nacional de ser serios y
puntuales en las inversiones, pues la demora siempre genera grandes
perjuicios: los económicos que laceran demasiado los bolsillos de la
Isla, y los morales que alimentan el descrédito, la falta de
confianza, y levantan muros aún más gruesos e infranqueables que el
"dichoso" talud de un canal hidráulico. |