Enfrentada a las continúas amenazas de los atentados terroristas
impulsados por los grupos armados, una gran proporción de la
población siria aboga este viernes por el diálogo y el retorno a los
años en los cuales prevalecía la paz.
Esta es la percepción cuando se camina por las calles, mercados y
otros sitios de la capital siria y se conversa con sus pobladores,
testigos de meses de crisis enfrentados al temor de lo imprevisto,
reporta Prensa Latina.
Siria ha sido siempre un país muy tranquilo y seguro, no había
miedo a salir a las calles a ninguna hora del día o la noche,
declaró a Prensa Latina Maen Nizzar al Zahed, un guía turístico que
perdió su trabajo, al igual que muchos amigos y familiares, debido a
la poca afluencia de visitantes extranjeros.
Antes, dijo, acudían a esta tierra más de cinco millones de
turistas al año y ahora, el clima de inseguridad creado por las
bandas extremistas y su enfrentamiento por las autoridades, hizo
declinar la cifra notablemente.
Prácticamente, afirmó, es una industria que no existe, algo por
lo que también culpa a occidente y a sus sanciones contra el pueblo
sirio.
Al Zahed, como muchos de sus conciudadanos, pide el regreso a la
paz y la tranquilidad de años atrás, demandas que desconocen países
occidentales y monarquías del golfo Pérsico, empeñados en cambiar el
rumbo de la historia de este país del Levante.
Otras personas, también con el miedo de Al Zahed a ser
fotografiados para que no se muestre su rostro, opinan que la actual
situación no es consecuencia de un problema interno, sino impulsada
desde el exterior por Estados Unidos, Francia y naciones del golfo
Pérsico, entre otros.
En Siria durante 30 o 40 años nadie sentía temor, ahora quieren
separar y dividir al pueblo, afirmó Hisham, un vendedor en el
populoso mercado de Hamidieyeh.
Sentimos temor porque no sabemos donde va a ocurrir una
explosión, como la de días recientes a escasos metros de la puerta
del mercado, la cual por suerte no causó víctimas fatales, añadió.
Esos grupos hacen eso, Siria necesita un cambio, la oposición se
niega al diálogo y sus maestros occidentales la apoya, plantea
Ghyath, un prestigioso profesional de la salud que trabaja en un
hospital capitalino.
Pese a las presiones occidentales para que el presidente Bashar
al-Assad abandone el gobierno, muchas de las personas consultadas
rechazan esa posibilidad.
El presidente es muy querido por el pueblo porque tiene una
mentalidad abierta y la gente cree que puede mejorar el país pese a
las acciones de grupos armados y occidentales que empujan para que
ocurra un conflicto intersectario, opinan.
Un joven estudiante, de los que llenaban las noches sirias con su
alegría, dice que en el último año la violencia creció mucho, cambió
la vida de la gente y algunas costumbres.
Recuerda que los salarios han bajado, hay muchos parados y
respecto a la seguridad, siente angustia porque cuando sale, a
veces, no sabe si regresará a la casa, tiene miedo de que haya una
explosión, cualquier día, a cualquier hora o en cualquier lugar, y
pueda ser victima de esa violencia que no tiene rostro.