La incapacidad de la tortuga Solitario George de reproducirse le
convirtió en un símbolo mundial que representaba el esfuerzo de
luchar contra la desaparición de las especies.
Aunque no pudo tener herencia genética, Solitario George ya tiene
sucesor en las Islas Galápago. Se trata de otra tortuga centenaria.
Se llama Diego, un prolífico reptil macho muy mandón.
A diferencia de Solitario George, que murió el pasado 24 de
junio, Diego no simboliza una especie en extinción, pero sí una
especie ‘resucitada’ en parte gracias a él.
Después de haber tenido más de cien hijos, Diego fue clave para
llevar a la Isla Española, en el archipiélago de las Galápagos, un
tipo de tortuga a punto de extinguirse, según comentaron los
vigilantes del Parque Nacional de las Galápagos.
"Tras sacarla de la Isla Española a comienzos del siglo XX, Diego
fue a parar al zoológico de San Diego en California", ha explicado
el jefe del programa de conservación del parque, Washington Tapia.
Cuando el zoo decidió devolver en 1975 la tortuga a las Islas
Galápagos, los únicos miembros vivos de su especie eran dos machos y
doce hembras.
Gracias a ellos la especie Chelonoidis hoodensis
‘resucitó’ en las Galápagos, la cual había sido destruida debido a
los animales domésticos introducidos por el hombre y que comían los
huevos de tortugas familiares de Diego. Para evitar que eso siguiera
ocurriendo, las tortugas Chelenoidis hoodensis fueron
aisladas en un parque de Santa Cruz