Abandonar las mentiras públicas

Jaime Richart

Desde luego, habría que intentarlo para ver si así sale Europa del marasmo en que se encuentra...

Si el sistema se resquebraja; si la democracia que sí existió, tomando como referencia a la ateniense de la antigüedad, ya no existe, desmontada por la plutocracia y la ingeniería financiera; si los dirigentes políticos, que si antes fueron sicarios de los ricos ahora son unos peleles en manos de la especulación y de las agencias de calificación de riesgo, si ya el mundo entero está al corriente de que la economía zarandea impunemente a la política, y los economistas, augures modernos que fallan por norma sus pronósticos, a la ignorancia técnica de los gobiernos; si nada de lo que sucede y se dice es lo que parece, si no gobierna el pueblo, ni siquiera por delegación, sino los especuladores y los ladrones; razones todas ellas por las que debiérase inventar un término que defina el modelo de gobierno y quién manda realmente en la sociedad (desde luego llamar a esto "democracia" es una colosal mentira)¼

Si todo eso es así ¿por qué vivir permanentemente entre mentiras y consentir que tantos vivan de ellas?, ¿por qué no llamar a las cosas, y especialmente a las de la gobernación, de la gobernanza, de la gobernabilidad, por su verdadero nombre?, ¿por qué no usar ideas ajustadas a la realidad para denominar al poder verdadero y de-senmascararlo?, ¿por qué no llamar culpable a la falta de responsabilidad para contraer deudas que no pagan quienes se beneficiaron de los préstamos, sino los excluidos no ya del bie-nestar sino de la simple supervivencia?

En tiempos en los que se dice que todo depende de la confianza y de la credibilidad, pues ni inversores ni ciudadanía común se fían de nada y de nadie, en que se desprecia la cultura y se alaba la ignorancia, ¿por qué no prescindir de tanto eufemismo inoperante? Seguro que Europa, qué digo, el mundo entero, se movilizaría para reinventar la democracia y se animaría a una convivencia universal en paz. Pues es un clamor que todo lo que ha sucedido, sucede y sucederá es en buena medida por empeñarse los poderosos en hacer vivir a los de muchas maneras sometidos, en montones de mentiras públicas que ya nadie puede soportar...

Erasmo de Rotterdam escribió una obra capital: Elogio de la locura. En ella atribuye a la necedad y a la capacidad humanas, de engañarse a sí misma, los logros de la humanidad y la poca paz que ha vivido la historia. Pero una cosa es engañarse uno a sí mismo y otra tolerar perpetuamente que nos engañen los que dicen preocuparse por nosotros. La mentira ha dejado de ser, para siempre, motor de progreso y de estabilidad. Por eso urge que se castigue civilizadamente a los culpables del engaño, que resplandezca cuanto antes la verdad y se llame a las cosas por su nombre. Solo así ricos y pobres, necios y listos, y hasta bondadosos y malvados se podrán reconciliar.

(Tomado de Argenpress)

 

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