La
poetisa Carilda Oliver Labra cumple 90 años de edad. Nada han
podido, al parecer, las tribulaciones de la vida y las decepciones
reales e imaginarias. Esta mujer, Premio Nacional de Literatura, es
también una demostración de que vale la pena vivir.
No hay asomo de cansancio en esta excelsa figura de la cultura
cubana y las letras hispanoamericanas. Muy educada, con una
gentileza de antaño, habla en voz baja y con sencillez. A ratos deja
ver una sonrisa leve, pícara, como divertida de su insondable
imaginación.
Solo lamenta que no existan ya en el mercado cintas para máquinas
de escribir porque "no soporto las computadoras, prefiero hacer
manuscritos, bien tarde en las noches, soy una mujer nocturna".
Expresa nostalgia por sus hermanos que abandonaron el país, sus
padres que fueron detrás de los nietos, aunque ella prefiere viajar
"de Cuba para Cuba", dijo cuando su padre preguntó si le preparaba
el pasaporte. Después de un breve silencio intenta resumir la idea
con otra imagen: "Ninguna palma se puede ir de Cuba".
Sobre su increíble vitalidad, comentó: "Es una semilla que no me
han podido arrancar ni siquiera los problemas, porque he tenido una
vida muy dura, aunque no lo parezca¼
Todas las mañanas me despierto y doy gracias al sol".
Autora de títulos muy conocidos y de mucha trascendencia, a
Carilda se le ilumina el rostro cuando habla de volúmenes como Se
me ha perdido un hombre, o los poemas Canto a Fidel y
Canto a Matanzas. De cualquier manera confiesa que su libro
preferido es Al sur de mi garganta.
Habla con admiración sobre ilustres personalidades de las letras
con quienes trató, como Ernest Hemingway, Rafael Alberti, Pablo
Neruda, Gabriela Mistral, Dulce María Loynaz, Gabriel García Márquez
y Mario Benedetti, entre otros. Cree, sin embargo, que ninguna otra
personalidad de este mundo establece mejor la dimensión humana y
social del hombre de su tiempo que Fidel.
Y precisamente de su Canto a Fidel, poema que en este 2012
cumplió 55 años, relata:
"La visión que tengo, después de tantos años, es que aparte de
ser un líder político, Fidel es líder humanista, científico, porque,
¿a quién se le ha ocurrido dedicarse en un país a mejorar la
medicina para mandar médicos a otros países?
"El Canto lo escribí en el momento, por eso es tan juvenil, es el
canto de una mujer, de una muchacha, tocando una diana de guerra.
"Fidel está en el Canto, era el Fidel de entonces, que es el
mismo que yo conocía de la universidad y lo relacionaba con el
anterior, además, tenía una aureola extraordinaria... Ahora Fidel no
cabe en un Canto...".
Al despedirnos, ya en la puerta de su casa, hace gala de esa fina
sensualidad que la circunda desde hace muchos años quizás sin ella
proponérselo del todo. Confesó risueña que se debatía en la
disyuntiva de vestirse de verde o azul en la noche del 5 de julio,
víspera de su cumpleaños, y que quizás el vestido de tirantes
(regalo de un amigo) no era apropiado para su edad.
Para rematar, dijo, en tono picaresco y con algo del rubor que
daba brillo a sus ojos azules en su juventud: "El día está bueno
para irse a algún lugar donde a una no la conozcan".