Joel James Figarola

Como un patriarca del Caribe

PEDRO LÓPEZ CERVIÑO
pedro.hg@granma.cip.cu

En todos los ámbitos de la Fiesta del Fuego, que por estos días transcurre en Santiago de Cuba, Joel James Figarola está presente. Y no puede ser de otro modo, se verá por qué. El 13 de enero de 1942 nace en Guanabacoa, uno de los historiadores y filósofos más clarividentes de la nación. Criado en Banes y gozado, como se dice en buen cubano, en la caribeña ciudad de Santiago de Cuba fue Joel, además, narrador prolijo y antropólogo acucioso. A su fecunda estirpe visionaria se debe la creación del Festival del Caribe, sin duda, el más importante evento internacional de la cultura popular tradicional; la fundación de la Casa del Caribe y su legendaria revista, quizás la más antigua en activo ininterrumpido de su tipo en el país.

Joel, viejo luchador de la clandestinidad, el Ejército Rebelde y Angola, dedicó casi toda su vida a preservar y mantener vivas las más genuinas raíces culturales cubanas. A su talento sin igual debemos tratados que son de obligada referencia en cualquier estudio de la cultura patria: obras de necesaria relación como El vodú en Cuba, Los sistemas mágico-religiosos cubanos, En las raíces del árbol, Alcance de la cubanía, El Caribe entre el ser y el definir, La muerte en Cuba, Cuba la gran nganga, Sobre muertos y dioses, La brujería cubana: el palo monte, entre otras, que marcan una pauta en las investigaciones culturales al punto de otorgársele el Premio Nacional en tal categoría. A él le debemos también obras de ficción como las piezas narrativas En el Altar del fuego, Hacia la Tierra del fin del mundo, Semejante al amor, El caballo bermejo, Los testigos y una decena de libros sobre temas históricos, entre ellos José Martí en su dimensión única, Aproximación al Diario de Campaña de José Martí, Cuba, la república dividida contra sí misma, Fundamentos sociológicos de la Revolución Cubana. Vergüenza contra dinero y otros que conforman un universo de sabiduría científica nacida desde la propia raíz de los saberes populares ancestrales.

Fallecido en junio del 2006 como un patriarca del Caribe, a solo días de la edición de ese año de la Fiesta del Fuego, a los 64 años, con total plenitud intelectual, los que nos contamos entre sus amigos nos resistimos a creer que no esté entre nosotros con su verbo polémico, su coraje político y su bondad sin límites.

Por eso en el recinto donde trabajó tantos años, su querida y siempre viva Casa del Caribe, guardan aún sus botas de caminante eterno y continúan haciendo realidad su mandato por el bien de Cuba.

Para Joel, por su obra inigualable, más que el aplauso académico, que a veces se torna frío y protocolar, hagamos un minuto de toque de tambor, el mismo tambor que llamó a la lucha a los esclavos y que hoy protege los ancestros y nos abre los caminos en la Cuba profunda.

 

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