Cientos de ciudadanos de Estados Unidos apoyan la campaña
internacional por el levantamiento del bloqueo económico, financiero
y comercial que su país mantiene contra Cuba por más de medio siglo,
confirmó este jueves la activista canadiense Tamara Hansen.
Hansen, coordinadora de las comunidades de Vancouver en
solidaridad con el país caribeño, dijo a Prensa latina que más de 60
colegas dialogaron en los últimos días con el público estadounidense
en esta capital sobre el impacto negativo de esa medida coercitiva,
reporta Prensa Latina.
"Todos nos recibieron con beneplácito. Estamos impresionados con
el respaldo a la campaña por el cese del bloqueo", aseveró, al
calificar esa política de cruel e ilegal.
Ese cerco ha costado más de 975 mil millones de dólares a Cuba,
según evaluación de La Habana, y la comunidad internacional ha
condenado durante 20 años consecutivos ante la Asamblea General de
la ONU.
De acuerdo con Holsen, esos encuentros tuvieron lugar en el
Centro de la Raza de Seattle, la Iglesia Universalista Unitaria de
Bremerton y el Traditions Cafe de Olimpia, durante el recorrido por
territorio estadounidense de un convoy humanitario procedente de
Canadá para Cuba.
La activista agregó que la ayuda viajará esta noche a la ciudad
de Eugene, la segunda más importante del estado de Oregon, y también
prevén realizar allí contactos similares con la población.
El comité de solidaridad con Cuba de Seattle incluyó su donativo
en el cargamento, consistente en sillas de ruedas, implementos
educativos y deportivos donados por varias ciudades y comunidades de
la provincia canadiense de Columbia Británica.
Ese lote llegará a la nación antillana como parte de la XXIII
Caravana de Pastores por la Paz, iniciativa creada en 1992 por el
fallecido reverendo norteamericano Lucius Walker, para llevar a Cuba
asistencia humanitaria y medicinas en camiones escolares, sin pedir
autorización ni licencia a las autoridades federales.
Funcionarios de la aduana lo detuvieron el domingo pasado en el
cruce limítrofe de White Rock-Blaine, en la costa noroeste de
Estados Unidos, pero al día siguiente los activistas superaron las
intimidaciones sobre el pago de una fianza y lograron pasar la
frontera sin condiciones.
El año pasado los caravanistas canadienses enfrentaron
imposiciones similares de la guardia fronteriza en White Rock-Blaine,
pero pudieron ingresar a suelo estadounidense exento del gravamen.