Inscrito en lo alto del tanque para agua de la vivienda de Lázaro
Castillo Santos, ubicada en el Consejo Popular Flor de Mayo, del
municipio camagüeyano de Santa Cruz del Sur, se puede leer
claramente: Patio de Ari, Doble Excelencia en el Programa de
la Agricultura Urbana y Suburbana.
Lo que llama la atención en el lugar y resalta la valía del
esfuerzo realizado, es que su propietario es una persona con serias
limitaciones físicas, producto de un accidente de trabajo en el 2006
que le ocasionó la fractura de una vértebra de la columna y otras
dolencias graves.
"Estuve más de un año —recuerda— sin hacer prácticamente nada.
Entonces me refugié aquí en la casa y comencé poco a poco a
transformar todo esto. Se dice fácil, pero tuve que guapear duro y
no dejarme abatir para no renunciar a lo ya logrado. Rodilla en
tierra, hago todos los trabajos".
—¿Por qué el nombre de Patio de Ari?
Por mi hija Ariadna. Ella es mi brazo derecho. Ha sido uno de mis
mayores apoyos: siempre ha estado a mi lado y eso me ha dado fuerzas
para seguir adelante. Ya domina todos los trabajos del patio. Es,
además, una excelente promotora agroecológica. De hecho, ha
participado conmigo en varios eventos provinciales.
—¿Usted mismo construyó la planta de biogás?
Sí. Para el biodigestor elaboré una especie de esqueleto con una
malla vieja de carreta y la revestí con cemento, sin necesidad de
utilizar ni bloques ni ladrillos. El gasómetro, por su parte, está
hecho con dos tanques: uno se introduce en el otro a medida que se
consume el gas.
Hoy tengo una capacidad de almacenaje de un metro cúbico de
metano, que se emplea en la elaboración de los alimentos. Al
disminuir el consumo de electricidad en esos menesteres, puedo
utilizar más la turbina para el riego.
—¿Qué tiene en esos estanques?
En estos momentos tengo tilapias rojas, tilapias de río, clarias
y ahora experimento con carpas. Solo de tilapias rojas, hay allí 112
hembras aptas para la reproducción.
La alberca, con 71 metros cúbicos de agua, se construyó a base de
desechos de demoliciones.
—Pero no solo de "peces" vive el hombre...
Por supuesto que no. El patio ocupa apenas media hectárea de
tierra. En ese espacio tengo, además, una parcela de cultivo
semiprotegido bajo riego, donde cosecho de manera rotativa
remolacha, zanahoria, col, lechuga, acelga, pepino y condimentos
frescos.
A esas producciones se suman un pequeño platanal, matas de
guayaba, mango, anón y aguacate, plantas medicinales, un área para
la elaboración de materia orgánica, y la cría de cerdos, aves y
conejos, hasta llegar a trece de los subprogramas de la agricultura
urbana y suburbana.
—¿Las producciones son solo para el consumo familiar?
Una parte. El resto, sobre todo hortalizas y condimentos frescos,
lo destino a la Escuela Secundaria Básica en el Campo 28 de
Septiembre, de Monte Grande, y en alguna medida al comedor
comunitario y a los pelotones de corte mecanizado durante la zafra.
—¿Queda algún segmento de tierra para más?
Lo importante es no tener nada subutilizado, hacer un uso
intensivo del suelo, pero bajo estrictas medidas de protección. Yo
mismo produzco la materia orgánica que necesito, a través de la cría
de lombrices y de los efluentes de la planta de biogás.
—¿Qué nuevos proyectos tiene en mente?
Por ahora, consolidar lo que tengo y no dejarlo caer, para lo
cual he contado siempre con el apoyo de mi familia y de mis amigos.
Imagínese, para una persona como yo, que en el mejor momento de mi
desarrollo como ser humano bajé a cero, el haber llegado hasta aquí
me hace sentir realizado.
Si no existe amor por lo que se hace y una férrea voluntad para
sobreponerse a las dificultades, no se llega nunca a nada.