Lo que puede la voluntad

Miguel Febles Hernández

Inscrito en lo alto del tanque para agua de la vivienda de Lázaro Castillo Santos, ubicada en el Consejo Popular Flor de Mayo, del municipio camagüeyano de Santa Cruz del Sur, se puede leer claramente: Patio de Ari, Doble Excelencia en el Programa de la Agricultura Urbana y Suburbana.

Lo que llama la atención en el lugar y resalta la valía del esfuerzo realizado, es que su propietario es una persona con serias limitaciones físicas, producto de un accidente de trabajo en el 2006 que le ocasionó la fractura de una vértebra de la columna y otras dolencias graves.

"Estuve más de un año —recuerda— sin hacer prácticamente nada. Entonces me refugié aquí en la casa y comencé poco a poco a transformar todo esto. Se dice fácil, pero tuve que guapear duro y no dejarme abatir para no renunciar a lo ya logrado. Rodilla en tierra, hago todos los trabajos".

—¿Por qué el nombre de Patio de Ari?

Por mi hija Ariadna. Ella es mi brazo derecho. Ha sido uno de mis mayores apoyos: siempre ha estado a mi lado y eso me ha dado fuerzas para seguir adelante. Ya domina todos los trabajos del patio. Es, además, una excelente promotora agroecológica. De hecho, ha participado conmigo en varios eventos provinciales.

—¿Usted mismo construyó la planta de biogás?

Sí. Para el biodigestor elaboré una especie de esqueleto con una malla vieja de carreta y la revestí con cemento, sin necesidad de utilizar ni bloques ni ladrillos. El gasómetro, por su parte, está hecho con dos tanques: uno se introduce en el otro a medida que se consume el gas.

Hoy tengo una capacidad de almacenaje de un metro cúbico de metano, que se emplea en la elaboración de los alimentos. Al disminuir el consumo de electricidad en esos menesteres, puedo utilizar más la turbina para el riego.

—¿Qué tiene en esos estanques?

En estos momentos tengo tilapias rojas, tilapias de río, clarias y ahora experimento con carpas. Solo de tilapias rojas, hay allí 112 hembras aptas para la reproducción.

La alberca, con 71 metros cúbicos de agua, se construyó a base de desechos de demoliciones.

—Pero no solo de "peces" vive el hombre...

Por supuesto que no. El patio ocupa apenas media hectárea de tierra. En ese espacio tengo, además, una parcela de cultivo semiprotegido bajo riego, donde cosecho de manera rotativa remolacha, zanahoria, col, lechuga, acelga, pepino y condimentos frescos.

A esas producciones se suman un pequeño platanal, matas de guayaba, mango, anón y aguacate, plantas medicinales, un área para la elaboración de materia orgánica, y la cría de cerdos, aves y conejos, hasta llegar a trece de los subprogramas de la agricultura urbana y suburbana.

—¿Las producciones son solo para el consumo familiar?

Una parte. El resto, sobre todo hortalizas y condimentos frescos, lo destino a la Escuela Secundaria Básica en el Campo 28 de Septiembre, de Monte Grande, y en alguna medida al comedor comunitario y a los pelotones de corte mecanizado durante la zafra.

—¿Queda algún segmento de tierra para más?

Lo importante es no tener nada subutilizado, hacer un uso intensivo del suelo, pero bajo estrictas medidas de protección. Yo mismo produzco la materia orgánica que necesito, a través de la cría de lombrices y de los efluentes de la planta de biogás.

—¿Qué nuevos proyectos tiene en mente?

Por ahora, consolidar lo que tengo y no dejarlo caer, para lo cual he contado siempre con el apoyo de mi familia y de mis amigos. Imagínese, para una persona como yo, que en el mejor momento de mi desarrollo como ser humano bajé a cero, el haber llegado hasta aquí me hace sentir realizado.

Si no existe amor por lo que se hace y una férrea voluntad para sobreponerse a las dificultades, no se llega nunca a nada.

 

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