La palabra vagina provocó una disputa política; el jerarca
católico estadounidense de mayor rango involucrado en el ya eterno
escándalo de pederastia por líderes espirituales fue condenado
penalmente, el técnico asistente de uno de los equipos de fútbol
americano universitario más destacados de la nación también fue
sentenciado por abusar sexualmente de menores de edad y la ofensiva
contra el derecho de las mujeres continúa sin tregua, en días en que
la perversidad fue lo más notable en las noticias.
Y es que, a veces, para resumir los acontecimientos más
destacados en Estados Unidos no se puede evitar material solo para
adultos y más perversos que lo peor de la pornografía.
Jerry Sandusky, de 68 años, ex técnico asistente del equipo de
fútbol americano de la Universidad Estatal de Pennsylvania (más
conocida como Penn State), fue declarado culpable de abusar
sexualmente de diez niños, todos provenientes de hogares pobres y
necesitados, a quienes conoció a través de su organización de
caridad para apoyar a jóvenes con problemas sociales. El jurado lo
encontró culpable en 45 de 48 acusaciones, y mientras se deliberaba
sobre el caso, su hijo adoptivo declaró públicamente por vez primera
que su padre también abusó sexualmente de él. Fue el fin de la larga
caída de un héroe local y de un escándalo que también obligó a
renunciar a una de las figuras deportivas legendarias del país, Joe
Paterno, recientemente fallecido, técnico del equipo y jefe de
Sandusky.
No tan lejos del juicio de Sandusky, monseñor William Lynn fue
declarado culpable de poner en peligro a menores de edad por
encubrir actos de pederastia de varios curas en la arquidiócesis de
Filadelfia en años recientes. Lynn, quien fue el principal asistente
y consejero del difunto arzobispo de Filadelfia, ahora es el prelado
de mayor rango de la Iglesia católica de Estados Unidos condenado
penalmente por los escándalos de abusos sexuales de curas bajo su
supervisión.
Mientras tanto, líderes republicanos de la Cámara de
Representantes de Michigan castigaron a dos legisladoras estatales
demócratas al prohibirles el uso de la palabra durante un día en el
pleno de la cámara, por la incivilidad que mostraron durante un
debate sobre el derecho al aborto; la razón real, según una de
ellas, fue por atreverse a usar la palabra vagina. Y es que al
expresar su oposición a una medida contra el aborto concluyó su
intervención declarando ante sus colegas: "estoy muy halagada de que
todos ustedes estén tan interesados en mi vagina, pero ‘no’ es no".
Más tarde, en declaraciones al público, comentó: "No deberíamos
estar legislando páginas si uno no puede decir ‘vagina’". Pocos días
después, miles se manifestaron en apoyo a las legisladoras. Hubo una
lectura pública de Los monólogos de la vagina, con la
participación de su autora, Eve Ensler, frente al capitolio estatal.
Mientras, entre tantos escándalos sexuales, la percepción sobre
la biología de la procreación es tal vez lo más obsceno. Según una
encuesta reciente de Gallup, 46 % de los estadounidenses es
creacionista —Dios creó a los seres humanos en los últimos diez mil
años, tal como establece la Biblia—; otro 32 % considera una
evolución de más tiempo —millones de años—, pero que Dios guió el
proceso. Solo el 15 % piensa que los humanos son parte de una
evolución natural, sin intervención divina. Pero aún más
sorprendente es que el 46 % —mismo porcentaje que la población
general— de los egresados universitarios es creacionista. O sea,
como afirma la columnista Katha Pollitt, de The Nation, estiman que
el cuento de Adán y Eva es literalmente cierto, o sea, casi la mitad
de los estadounidenses rechaza la evidencia abrumadora sobre la
evolución.
Así, entre la negativa evolucionista y la perversión, no pocos
líderes políticos, religiosos y comunitarios/caritativos se
disfrazan de maestros, jueces y defensores de la moralidad en este
país, solo para revelarse como (casi siempre) hombres asustados y
perversos. Ante todo esto, la pornografía comercial parece ser mucho
menos nociva para la salud pública y social. Por lo menos no
pretende ser otra cosa.