"El fútbol es un juego que inventaron los ingleses, juegan 11
contra 11 y siempre ganan los alemanes", reza una proverbial frase,
atribuida a Gary Lineker, que parece haber encontrado en Italia una
excepción notable: Alemania nunca ha logrado vencer en Mundiales ni
Eurocopas. Y esa regla sigue vigente, tras su enésimo encontronazo
(1-2) ayer en Varsovia.
Una vez más Alemania era el favorito y se presentaba como una
máquina implacable, el único equipo que había ganado todos sus
duelos. Pero tipos como Buffon, Pirlo, De Rossi y Cassano llevan
demasiados años de fútbol cosidos a las botas para saber que los
partidos nunca se ganan en las previas.
Así que Italia salió a lo suyo, aplicada en cada faceta del
juego, y le robó de entrada a la Mannschaft todos los
argumentos. Cassano, un "fantasista" genial y loco —capaz de pensar
con los pies para lo bueno y lo malo—, se deshizo de Hummels para
dibujar un trazo impresionante donde asomaría la cresta de Balotelli,
que esta vez no pecó de indulgente ante la portería de Neuer e igual
clavó luego en la escuadra otro pase largo de Montolivo.
Justo ahí, al minuto 36, murió el partido, aunque Löw en la
segunda parte sacó a relucir el gen competitivo alemán e introdujo a
Klose, Reus, e incluso Müller por Boateng para reforzar el ataque.
Ya en el último suspiro, Özil logró decorar el marcador
transformando un penal por mano en el área de Balzaretti. Pero el
daño estaba hecho: los italianos con un 2-0 a favor casi nunca
pierden y el domingo desafiarán en la final de Kiev a España.
Cosa curiosa. Antes de empezar el torneo casi nadie apostaba un
centavo por ellos, pero ahora serán los españoles los que seguro
miren con preocupación el crucial partido, porque ya lo saben: jugar
contra Italia es como sacarse una muela.