WASHINGTON, 26 junio.— Las ciudades estadounidenses de Chicago y
Philadelphia están sufriendo un alza significativa en la
criminalidad con sucesivos reportes de balaceras en suburbios y
mayor preocupación para autoridades gubernamentales.
En Chicago, urbe residencial del presidente Barack Obama, la
mortalidad por crímenes aumentó en un 38 por ciento con 240
defunciones durante el primer semestre del año, 66 reportes fatales
más que en 2011.
Para Philadelphia las estadísticas señalan 173 homicidios en lo
que va de 2012 contra 143 en el periodo equivalente del año
anterior, cifras que se traducen en un repunte de 20 por ciento.
Todas las semanas escuchas de alguien a quien le mataron un tío,
un sobrino o quizás el esposo, en nuestro vecindario ya ocurrieron
un par de tiroteos fatales este año, comentó Maya Hodari, una ama de
casa que reside en South Side Street, Chicago.
El alcalde Rahm Emanuel, quien asumió hace un año con la promesa
de combatir la delincuencia, está teniendo problemas para cumplir
con su meta por el aumento del desempleo, el narcotráfico y las
pandillas en la tercera mayor ciudad estadounidense.
La más alta peligrosidad la tenemos en las zonas de South y West
Sides y tuvimos que reactivar como patrulleros a más de mil
oficiales de policías que desde años anteriores se dedicaban a
tareas administrativas, indicó Emanuel al diario The New York Times.
Los crímenes interraciales aumentaron en Estados Unidos durante
los últimos 30 años, ciudades del sur siguen como las más violentas
y toda la tendencia cuesta al gobierno federal 460 mil millones de
dólares anuales.
Desde 1982 hasta la fecha los asesinatos de negros por blancos se
incrementaron en 1,1 por ciento, y las incidencias en todas las
combinaciones raciales desde tres hasta cinco por ciento.
El reporte se basa en una indagación del grupo independiente
Scripps Howard News Service, que revisó informes sobre más de medio
millón de homicidios archivados por el Buró Federal de
Investigaciones.
En la lista de territorios con más violencia está Louisiana,
Tennessee, Nevada, Florida, Arizona, Missouri, Texas, Arkansas,
South Carolina y Alabama.
Este panorama criminal y la pérdida de productividad derivada
cuestan al contribuyente norteamericano un promedio de tres mil 200
dólares, que cálculos conservadores resumen en unos 460 mil millones
de dólares cada año.