Irán remarcó este martes su rechazo a cualquier tipo de acción
militar contra Siria, y advirtió que una intervención extranjera
pondría en serio riesgo la frágil seguridad y estabilidad de Medio
Oriente, incluido Israel.
En su habitual rueda de prensa semanal, el portavoz de la
cancillería iraní, Ramin Mehmanparast, señaló que el más mínimo
intento por parte de naciones extranjeras de interferir militarmente
en Siria podría poner en peligro la seguridad regional, reporta
Prensa Latina.
Insistió en que el país árabe, afectado por una ola de revueltas
opositoras violentas desde marzo de 2011, lo que necesita es una
solución mediante la cooperación de países influyentes de la zona.
Al respecto, el vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores
instó a gobiernos árabes de Medio Oriente y a otros de Europa a
facilitar la atmósfera de diálogo entre las autoridades sirias y la
oposición, que es apoyada con armas y dinero por Arabia Saudita,
Catar y Occidente.
En respuesta a un periodista, Mehmanparast describió la visita
del presidente de Rusia, Vladimir Putin, a Israel y a los
territorios palestinos ocupados como natural, aunque opinó que el
eje del viaje a la región se espera sea hallar una solución a la
actual crisis siria.
Durante la rueda de prensa, el portavoz reiteró que Teherán
esperará a la toma de posesión del nuevo presidente de Egipto, el
islamisa Mohamed Morsy, y a la formación del próximo gobierno, para
valorar el futuro de las relaciones entre los dos países, rotas
desde 1979.
No obstante, calificó el triunfo del candidato de la Hermandad
Musulmana como un paso positivo para la nación egipcia en el afán de
salvaguardar su revolución, en alusión a la revuelta popular que
derrocó a Hosni Mubarak el 11 de febrero de 2011.
Mehmanparast restó importancia a rumores de medios periodísticos
sobre una supuesta negativa de Morsy a recibir al encargado de
negocios iraní en El Cairo antes de las elecciones presidenciales.
Egipto e Irán rompieron relaciones en 1979, a raíz de que el país
árabe firmó el tratado de paz de Camp David con Israel, en 1979, y
del triunfo de la revolución islámica de ese mismo año que derrocó a
la monarquía del Shah de Persia Mohamed Reza Pahlavi.
La crisis binacional se profundizó cuando Egipto concedió asilo
al depuesto Shah e Irán puso a una calle de Teherán el nombre del
islamista que asesinó al presidente Anwar El-Sadat, en 1981.