Cuatro victorias y un empate, balance positivo a fin de cuentas.
Nadie duda eso, en el mundo de los números quedará para la historia
el triunfo de la selección cubana de béisbol en el tope amistoso con
su similar de Nicaragua concluido este domingo, pero, en honor a la
verdad, no todo es color de rosa para los antillanos.
Por momentos pasearon la distancia sobre la grama del estadio
Denis Martínez, de Managua, con un bateo imponente, de muchas
variantes, sin casarse con la producción de largo alcance. No
obstante, Roger Machado y el cuerpo de dirección pecaron de
prudencia en la rotación de los hombres, tal vez muy preocupados por
obtener el triunfo cuando el gran objetivo del tope debió ser darles
acción a los novatos.
Lo más preocupante es que los de menos entradas acumuladas fueron
exactamente los más necesitados —entiéndase Lednier Ricardo, Yordan
Manduley, Yurisbel Gracial, Guillermo Heredia y Yadiel Hernández—,
quienes merecieron la titularidad en más de un pleito.
Eso sí, resaltar la explosión de Juan Carlos Torriente y Yordanis
Samón, y la confirmación de Rusney Castillo, así como el trabajo
monticular de Pablo Millán Fernández, Yander Guevara y Erlis
Casanova.
A mi juicio, los locales sacaron mayor provecho, más allá de la
victoria alcanzada por el toletero Dwight Britton en la competencia
de cuadrangulares ideada por los organizadores. De manera general,
los nicas probaron a cada uno de sus lanzadores ante la exigente
tanda cubana y por momentos se mostraron dominantes, listos para
enfrentar un reto de máxima envergadura, aunque a la ofensiva no
descollaron.
"Bateamos, pero nos faltó poder y la conexión oportuna con
corredores en base. Sin duda, fue una gran oportunidad para todos
frente a Cuba, que tiene un pitcheo y ofensiva más fuerte", señaló
Henry Roa, entrenador de bateo pinolero, a un medio local.