Siempre activo en el rectángulo ofensivo, Torriente se ganó a
golpe de batazos (promedio de 327, 104 jits y 393 como por ciento de
embasado) su inclusión en la escuadra nacional con una filosofía muy
atrevida, tal y como explica a este diario en declaraciones
exclusivas vía digital.
"A mí no me gusta esperar, me paro en el home a batear,
aunque a veces es necesario sacrificar un turno para estudiar al
lanzador y producir después", confiesa.
Eres un bateador de la banda derecha, ¿qué variaciones haces
cuando te lanzan pegado?
Los ajustes son imprescindibles, en todos los partidos y frente a
cada pitcher, más cuando conocen tus características. Yo trato de
adaptarme al rival y si me lanzan adentro me separo un poco de
home, los obligo a tirar para afuera.
Se te ha visto suelto en el tope, ¿qué opinión te merecen los
serpentineros contrarios?
La calidad del pitcheo nica no es mala, pero no llega al nivel
del cubano. Aquí tiran más flojo, algunos lanzadores son jóvenes y
eso nos da ventaja a la hora de batear porque tenemos más carretera.
¿Cómo valoras tu primera experiencia internacional?
Me he sentido muy bien, contento por saber que los entrenadores
cubanos han confiado en mí. Eso me ha ayudado a jugar cómodo, como
si lo estuviera haciendo en Industriales. Incluso, la combinación
con Arruebarruena ha funcionado a la perfección, aunque ya habíamos
compartido en el Juego de las Estrellas.