Los trabajadores avícolas de la filial francesa de la firma Doux
reiteraron hoy su rechazo a un plan de reestructuración para evitar
la quiebra, en el que se contempla el despido de una parte de sus
tres mil 500 empleados.
La empresa es el líder europeo en la rama avícola, pero las
grandes deudas acumuladas en los últimos años la tienen al borde de
la cesación de pagos y fue puesta bajo observación judicial por un
tribunal de cuentas.
Para impedir su liquidación, los propietarios propusieron a los
obreros un proyecto de reducción del personal a cambio de la promesa
de pagar el total de los salarios pendientes, lo que ocasionó la
indignación de los representantes sindicales.
No debemos cerrar los ojos porque hay una inminente posibilidad
de despidos, aseguró la delegada de la agrupación Fuerza Obrera,
Nadine Hourmant.
Por su parte, Raymond Gouiffes, de la Confederación General del
Trabajo (CGT), denunció que la ola de desempleos comenzará por el
área administrativa y paulatinamente se extenderá por las fábricas.
Los problemas del grupo Doux también afectan a unos 200 pequeños
granjeros que le proveen de materia prima, algunos de los cuales no
han recibido sus pagos desde hace más de cuatro meses, indicó Prensa
Latina.
El primer ministro Jean-Marc Ayrault prometió intervenir ante la
banca para inyectar capital fresco, crear una nueva administración
para evitar el cierre y salvar los puestos de trabajo, pero los
dueños se niegan a ceder el control de los negocios.
Recientemente la CGT entregó al gobierno un listado de 46 firmas
con graves dificultades económicas, que podrían causar el despido de
unos 45 mil trabajadores en todo el país.
Ayrault reconoció que la mayor parte de estas previsiones se
corresponden con la realidad.
Este miércoles, la dirigente del Movimiento de Empresas de
Francia (Medef), Laurence Parisot, declaró que la situación
económica de la nación gala está en un momento difícil.
Según el Medef, hay una baja en la demanda de los consumidores y
los inversores prefieren mantener a salvo sus capitales por la
incertidumbre sobre el porvenir de la zona euro ante la crisis en
Grecia y España.