DOS
CAMINOS, Santiago de Cuba.— Haberse erigido durante 14 años
consecutivos como la mejor machetera del sector
cooperativo-campesino en el país, y la posibilidad de alcanzar el
reconocimiento por decimoquinta ocasión, justificó hace unos días un
alto en el corte de caña, para que Bárbara Durades Miclín comentara
a Granma cómo tal emulación consigo misma se convirtió en
incentivo para su vida.
Nacida en los campos cañeros de Songo-La Maya, de sus 46 años de
edad ha dedicado alrededor de 30 a labores agrícolas de diferentes
tipos, destacándose la participación en las últimas 17 zafras, como
integrante de la brigada de corte manual Sabino Pupo, de la CPA de
igual nombre, en el municipio santiaguero de San Luis.
"Todo comenzó después de incorporarme a esta Cooperativa como
controladora del corte, alza y tiro, donde veía que a los macheteros
se les pagaba muy bien, he ahí que solo con un par de guantes y la
mocha me sometí a prueba, señala.
"Los compañeros me ayudaron mucho, pero entre ellos debo
agradecerle a Arístides Maturell, que me enseñó cómo entrarle al
plantón, la adopción de la mejor posición para cansarme menos y no
cortarme con la mocha, así como a dar el golpe preciso para no
lastimar la cepa, ni dejar cogollo en la caña.
"Cuando aquello había más mujeres picando caña, pero en mi primer
año fui Vanguardia Provincial, en el segundo repetí con el primer
lugar en la provincia, y a partir del tercero pasé a ser la mejor
del país en la emulación de la ANAP, posición a la cual aspiro ahora
por decimoquinta ocasión".
Si bien de todo este tiempo rememora con agrado la declaración
año tras año de la brigada como millonaria y el recibimiento de la
medalla Romárico Cordero en el pasado Congreso de la ANAP, fue la
zafra de 1998 la que dejó en Bárbara los más emotivos recuerdos de
su vida.
"En esa contienda estaba muy feliz por haber nacido mi hija,
después de haber tenido cuatro varones, y como me sentía tan bien a
los dos meses de parida me fui a cortar con la brigada, no por
dinero, sino porque la caña también era parte de mi vida.
"Mi esposo Alfonso Labrada Ramírez, con quien llevo 23 años de
casada y es tractorista de la Cooperativa, iba a la casa a distintas
horas del día, recogía a la muchacha que me cuidaba a la niña y las
llevaba al cañaveral, para que en un alto del corte amamantara a mi
bebé".
Pasados cien días de corte en la actual zafra, Bárbara no refleja
cansancio alguno. Diariamente madruga, comienza el corte a las 6 de
la mañana, regresa al hogar a las 5 de la tarde, y se acuesta en la
medianoche después de ejercer otras labores, de ahí que su esposo
suela decirle que "tiene dos corazones".
"Cuando alcance las 20 zafras, si queda por ahí alguna mujer con
21 o 22, espero poder ir por una más, y así continuar hasta donde me
acompañe la salud", enfatiza Bárbara, convencida de que es ella
misma su principal rival en estas sana lid del corte de caña.