Otro
1ro. de junio, Día Internacional de la Infancia. Según las
estadísticas, 20 mil niños morirán hoy, como cualquier otro día, por
causas evitables. Las noticias sobre la infancia siguen sin ser
alentadoras para una humanidad que necesita repensarse y romper la
brecha de la inequidad, si quiere sobrevivir. A esos que son la
esperanza, el mundo aún les debe mucho.
Cuba celebra la efeméride de modo diferente, afirmó José Juan
Ortiz Brú, representante del Fondo de las Naciones Unidas para la
Infancia (UNICEF) en Cuba, al conversar con Granma sobre los
retos que enfrentan las naciones para garantizar el cumplimiento
pleno de los derechos del niño.
—Invertir en la infancia y reducir todo tipo de desigualdades
sigue siendo hoy una asignatura pendiente...
Desde la Convención sobre los Derechos del Niño del año 1989, se
ha progresado, pero la situación imperante sigue generando
desigualdades. Siendo hoy más desarrollado el planeta, es
radicalmente injusto que todavía haya cientos de millones de niños
con carencias gravísimas. Si el sistema no genera esa igualdad, es
necesario cambiarlo.
Es un derecho de nuestros niños vivir, y como derecho hay que
garantizarlo. La Convención dice que es responsabilidad de todos los
Estados y de la Comunidad Internacional. Todas las naciones han
ratificado esa Ley, excepto Estados Unidos y Somalia, y por tanto es
una dejación de funciones no cumplirla. Es un crimen, teniendo las
posibilidades de que esos niños y niñas no mueran, dejarles morir.
Nosotros en UNICEF analizamos la situación de la infancia con los
mismos indicadores en todos los países ¿Cuál es el hecho
paradigmático de Cuba? Siendo un país pobre, lleva más de 50 años
garantizando esos derechos. Entonces no es cuestión de dinero, sino
de prioridad política. Si la infancia fuese prioritaria en el mundo,
los problemas que hoy sufren niños y niñas se hubiesen solucionado
hace años, como lo hizo Cuba.
—El 2015 fue el año acordado, como uno de los Objetivos de
Desarrollo del Milenio, para eliminar la pobreza, garantizar el
ingreso escolar a todos los infantes y reducir la mortalidad
infantil. A mediados de 2012, ¿cree que podrá cumplirse esa meta?
Es indudable que los Objetivos de Desarrollo del Milenio no se
van a cumplir en el mundo. Cuba, sin embargo, es un ejemplo de que
sí se puede. Si analizamos los gastos en armas y los generados por
la corrupción del sistema, vemos que dinero sí hay, pero no se
destina a la infancia ni al desarrollo humano, y la distancia entre
ricos y pobres es cada vez mayor. El capitalismo no ha generado
nunca igualdad ni lo hará, no es su objetivo.
—América Latina y el Caribe es la región con mayor inequidad
social del planeta. ¿Cómo vislumbra el futuro de la infancia ante la
actual coyuntura?
Soy muy optimista con América Latina. La Comunidad de Estados
Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) es una nueva esperanza, entre
otras cosas porque el pueblo ha girado también la mirada hacia
gobiernos sociales y progresistas, que empiezan a priorizar los
derechos de la gente antes del beneficio económico de los ricos.
Cuba siempre ha sido un ejemplo en el ámbito de desarrollo
social, con niveles de equidad similares a los de los países más
desarrollados. Su gran reto, como el de otras naciones, es lograr el
consumo responsable. Cuba ha sabido enseñar a la gente a compartir,
el riesgo es mantener eso cuando el mundo va en otra dirección. Hay
que priorizar la educación en valores y potenciar las políticas
familiares, saber que lo que consumimos en el norte hace
insostenible el planeta.
El logro fundamental, la equidad, ya está hecho. El punto es
sostenerlo. Es un tesoro que Cuba no puede perder. Aquí no hay nadie
excluido y esos son los derechos humanos.
—Sobre la Oficina de UNICEF en Cuba, ¿cuáles han sido los logros
más relevantes?
Desde que se creó en el año 1992, hemos trabajado con unos
márgenes de libertad y autonomía que han permitido un desempeño
satisfactorio. Nuestro esfuerzo ha sido siempre colaborar con las
políticas públicas a favor de la infancia o generarlas. Ha existido
siempre transparencia y confianza en nuestro trabajo, y eso nos ha
posibilitado introducirnos en sectores donde antes no colaborábamos
porque no eran una prioridad.
El papel de los medios de comunicación en el desarrollo de la
infancia es modélico a pesar de las limitaciones, y nos ha sido de
gran apoyo.
Así hemos abierto dos grandes campos de trabajo. Uno es el ámbito
de la cultura como garantía plena de derechos. La mejor
manifestación de la equidad en Cuba es que UNICEF no necesita
desarrollar un área como la supervivencia del niño, sino otras como
el disfrute de la cultura, que es lo que nos hace libres.
El otro ámbito ha sido el de la protección de sectores mínimos,
como los menores en conflicto con la ley, la violencia intrafamiliar
y sexual. El trabajo con niños y niñas que han cometido actos
tipificados como delitos —hoy otro reto para América Latina y el
Caribe— en Cuba es ejemplar. Aquí no hay rejas para los niños. Lo
que existe es rehabilitación para esos jóvenes que por distintas
causas han adoptado conductas no adecuadas.
Tampoco hay un solo niño discapacitado que no esté atendido,
incluso en su casa si no puede ir a la escuela. Eso es un logro
milagroso.
—¿A punto de concluir su gestión, qué satisfacciones se lleva?
Este país es un laboratorio de desarrollo social. En 31 años de
trabajo he conocido a nivel teórico muchos proyectos y programas de
desarrollo social; aquí los he vivido. Es el único país que conozco
donde se puede celebrar el Día de la Infancia bailando. Por eso, es
una gran fiesta y lo tienen que celebrar.