DUBLIN, 31 de mayo.— Los irlandeses votaron este jueves sobre el
pacto europeo de estabilidad fiscal, en un referéndum seguido con
atención en Bruselas y en el resto de la Unión Europea (UE) cuando
crece la oposición a las políticas de austeridad. Unos 3,1 millones
de personas estaban convocadas a las urnas hasta las 22H00 locales
(21H00 GMT) para esta consulta que según los últimos sondeos daría
la victoria al "sí", aunque la última palabra la tendrán el casi un
tercio del electorado que se declaraba indeciso el pasado fin de
semana.
El canal irlandés de televisión RTE estimó que sólo la mitad de
los votantes convocados fue a las urnas. En anteriores ocasiones, la
escasa participación favoreció el 'no' en otros referendos. Los
resultados se conocerán el viernes por la tarde. Irlanda es el único
país de la UE que ha organizado un referéndum para ratificar el
nuevo pacto de disciplina fiscal promovido por Alemania y firmado en
marzo por todos los Estados miembros de la UE con excepción del
Reino Unido y la República Checa.
Pero salvo el Irish Times, ninguno de los principales periódicos
irlandeses colocó en portada este jueves la importante cita
electoral. Eso, sumado a la lluvia que se abatió sobre la capital,
augura una participación baja. Entre los que votaron en Dublín,
Finbar McDonnell, un empleado del sector inmobiliario, estimó que
"un sólido 'sí' enviaría una señal de que Irlanda quiere formar
parte del núcleo central de Europa y seguir adelante con la
integración".
El pacto, destinado a mejorar la estabilidad de la zona euro en
su conjunto, obligará a los países que lo suscriban a incorporar en
sus legislaciones la llamada 'regla de oro' sobre el equilibrio de
las cuentas públicas, con sanciones financieras automáticas para los
que la incumplan. Para poder entrar en vigor en la fecha prevista,
el 1 de enero de 2013, el tratado debe ser ratificado por 12 países.
Hasta ahora sólo Eslovenia, Grecia, Portugal y Rumanía lo han hecho.
Aunque un 'no' irlandés no impediría su implementación, podría
animar a otros países a rechazarlo, especialmente cuando gobiernos
como el de Francia cuestionan la austeridad como única solución a la
crisis y piden medidas para impulsar el crecimiento. Otrora
considerado el "Tigre Celta" por su dinamismo económico, el país
está sometido actualmente a una intensa cura de austeridad en
contrapartida de la ayuda de 85.000 millones de euros (106.000
millones de dólares) que acordó en 2010 con la UE y el Fondo
Monetario Internacional (FMI) para rescatar a su sector bancario.
Impacto retardado
Independientemente del resultado, el referédum no tendrá un
impacto inmediato sobre el plan, pero el gobierno ha insistido
durante la campaña en que sólo la aprobación del pacto fiscal dará
acceso al país al nuevo Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) que
entrará en vigor el próximo 1 de julio en caso de necesidad de un
nuevo rescate, lo que algunos ven probable. El gobierno también ha
advertido que un rechazo podría afectar a la calificación de la
deuda de Irlanda y complicar su acceso a créditos.
El primer ministro irlandés, Enda Kenny, dijo el miércoles que el
pacto es ante todo cuestión de "estabilidad, de devolver la
confianza al euro" y animó a sus compatriotas a predicar con el
ejemplo. Por su parte, los partidarios del "no", encabezados por los
nacionalistas del Sinn Fein, buscaron capitalizar el creciente
descontento popular por las subidas de impuestos y los recortes del
gasto público.
"Sabemos que la austeridad no funciona, y es lo que dice cada vez
más gente en Europa", dijo la víspera a los periodistas su líder,
Gerry Adams. La consulta también es seguida con interés debido a los
precedentes de Irlanda, puesto que este país ya rechazó en lo que va
de siglo dos tratados europeos (el de Niza en 2001 y el de Lisboa en
2008), antes de aprobarlos meses después en una segunda consulta
popular.