negro
en el universo, esos que se tragan la luz, y hay vistazos de un país
anulado, sofocado de miedo e ignorancia, o simplemente profundamente
desencantado entre tanta promesa incumplida de cambio y, por ser
superpotencia, las consecuencias de esto se extienden por el
universo.
Una gama demasiado amplia de políticos, religiosos y otros niegan
el fenómeno del cambio climático; otra rechaza la teoría de la
evolución documentada por Darwin; otros se sienten amenazados por
mexicanos, centroamericanos, musulmanes, judíos, africanos, gays,
lesbianas, ciertos libros, ciertas ideas, etcétera.
Parte del temor proviene de la sensación de vivir en un país
donde todo lo que pensaban que era suyo y permanente se deshace
frente a ellos por fuerzas que no entienden, sobre las cuales no
tienen ningún poder, sean empresas transnacionales, bancos,
políticas económicas hechas por y para otros, que de repente les
hace perder sus viviendas, sus empleos, sus granjas. Nadie les
explica cómo fue que, jugando con las reglas, quedaron sin nada,
como si todo hubiera sido una trampa.
Se arman —más de 200 millones de armas de fuego en manos
privadas— con la justificación de que tienen derecho a defenderse
ante fuerzas que amenazan sus vidas. La televisión y otros medios no
cesan de hablar de las amenazas que provienen del extranjero, como
las que nacen aquí adentro del país.
De ahí surgen las milicias armadas de ultraderecha, los millones
que integran los movimientos cristianos fundamentalistas y la
proliferación de agrupaciones de odio. Según el Southern Poverty Law
Center, que se dedica a observar la derecha extrema, hoy día hay 1
001 grupos de odio que operan en el país, incluyendo neonazis,
integrantes del Klan, nacionalistas blancos y vigilantes
fronterizos, entre otros. Reporta que desde el año 2000 el número de
grupos de odio se ha incrementado un 69 %, nutrido por ira y temor
sobre condiciones económicas, el flujo de migrantes y la disminución
de la población blanca (que, según el censo, en unos 30 o 40 años
pasará a ser una minoría más en este país). El número de milicias se
ha incrementado un 755 % en los primeros años del gobierno de Barack
Obama (en parte en respuesta a la elección del primer
afroestadounidense en la Casa Blanca) y ahora suman 1 274, reporta
el centro (uno de estos grupos estuvo involucrado en el atentado
terrorista contra el edificio federal en Oklahoma City).
Este crecimiento del extremismo ha sido ayudado por figuras de
los medios masivos de comunicación y políticos que han usado sus
plataformas para legitimizar propaganda falsa sobre inmigrantes y
otras minorías y difundir las teorías de conspiración paranoicas que
nutren a estos grupos de milicia, informa el centro.
Otras expresiones de todo esto se exhiben en la ola antimigrante
que ha abrumado a la política en estados como Arizona, Alabama y
Carolina del Norte. También se expresa en ataques contra la
educación, como en Arizona, donde el gobierno estatal ha buscado
anular los estudios latinos, o sea, el estudio de la historia de los
latinos (mexicano-estadounidenses en ese estado), sus
contribuciones, su literatura y sus vínculos y raíces en el
hemisferio. El año pasado, el procurador general del estado declaró
que un programa de estudios mexicano-estadounidense en Tucson era
ilegal conforme a una nueva ley promovida por él cuando era jefe de
educación pública del estado, con el argumento de que solo promueve
una identidad separada en lugar de fundirla con la historia oficial
(anglo), y que tiene efectos peligrosos. Entre los libros señalados
como peligrosos está Pedagogía de los oprimidos, de Paulo
Freire. El nuevo jefe de educación pública quiere promover la
prohibición de estos estudios en las universidades estatales.
Otros gobiernos estatales han prohibido ciertos libros
"peligrosos" y han obligado a las escuelas a ofrecer, junto con la
teoría de la evolución, la versión bíblica de la creación del mundo.
En Texas se desarrolla un esfuerzo no solo para dar una visión
cristiana a las ciencias, sino a los textos de historia también,
resaltando las figuras ortodoxas cristianas y omitiendo la palabra
esclavitud, entre otras revisiones.
Por otro lado, continúan los esfuerzos estatales contra el
derecho de las mujeres a optar por el aborto, incluida más violencia
(se investigan incendios en dos consultorios de médicos que ofrecen
servicios de aborto en Georgia), mientras grupos de defensa de este
derecho emitieron alertas a clínicas en todo el país, reportó el
Atlanta Journal-Constitution.
A la vez, continúa la ofensiva contra la comunidad gay, con
estados que aprueban medidas para prohibir toda unión o matrimonio
homosexual, mientras no faltan las expresiones homofóbicas, como la
del reverendo Charles Worley en Carolina del Norte, que apenas la
semana pasada comentó a sus fieles que las lesbianas y los gays
deberían ser confinados en campos rodeados de barreras
electrificadas hasta que mueran, ya que no pueden reproducirse.
Hasta hay ecos del macartismo. El mes pasado el representante
federal Allen West, republicano de Florida, declaró en un foro
público: yo creo que hay de 78 a 81 miembros (del Congreso federal)
del Partido Demócrata que son miembros del Partido Comunista. Su
jefe de campaña indicó, como evidencia, que algunos han viajado a
Cuba y elogiado a Fidel Castro, y subrayó que el representante
defiende sus comentarios, ya que esa gente se opone al capitalismo,
al mercado libre y a la libertad económica individual.
Estas son solo algunas de las fuerzas oscuras que padece este
país, junto con las expresiones de luz que también han surgido en
rebeliones cívicas en lugares como Wisconsin, o el fenómeno de Ocupa
Wall Street. Como en toda crisis, brota lo peor junto con lo mejor.
Nunca se sabe quién ganará. Pero bienvenida cualquier luz en medio
de las tinieblas estadounidenses.