El Fondo Cubano de Bienes Culturales en la Oncena Bienal

Valores consolidados desde la diversidad

VIRGINIA ALBERDI BENÍTEZ

De cara a la promoción de las artes visuales, la Oncena Bienal de La Habana —todavía hasta la primera decena de junio se pueden recorrer las exposiciones— funciona como una carretera de doble vía. Una, desde luego, transita hacia el conocimiento y reconocimiento de las tendencias más dinámicas de la creación actual, con énfasis en las prácticas imaginarias del arte contemporáneo, y otra apunta hacia la validación de la producción nacional en el contexto internacional.

Esta última función es una de las razones del programa colateral. Y es la motivación principal que animó al Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC), mediante su galería Collage Habana, a organizar una acción de tan notables implicaciones como lo es AB et C, visible en el Hotel Nacional de Cuba.

El equipo de curadores, encabezado por María Milián, explica en la presentación, que eligieron "un camino y una concepción que reúne a un considerable grupo de los más reconocidos y básicos artífices de la plástica en el país, para establecer una propuesta destinada a los fines de conocimiento y adquisición de coleccionistas, galeristas, dealers y asesores de arte que asistan a ponerse en contacto con esa gran amalgama de expresiones interraciales y autóctonas integradas a la Oncena Bienal de La Habana".

No debe olvidarse que para ello el primer respaldo proviene de la aceptación de las poéticas mostradas por parte del público y la crítica nacionales, los cuales, ante el despliegue de una exposición colectiva como esta, coinciden en apreciar y valorar la existencia de una vanguardia plural y multigeneracional consolidada, cuyos integrantes, en su inmensa mayoría, se formaron en el sistema de enseñanza artística surgido después del 59.

No es toda la vanguardia, ni mucho menos un resumen de la abarcadora y poliédrica actualidad de la creación visual en Cuba. Veinticinco artistas dan la medida de la selección. Pero sí un barómetro que mide las intensidades y gradaciones de recorridos creacionales consistentes a lo largo del tiempo y vitales en su actualidad.

El más veterano es el maestro Adigio Benítez (1924), que exhibe un lienzo pletórico de frescura. Y luego, en sucesivas variaciones de expresiones particulares, se despliega todo el potencial de artistas a los que el apelativo de maestros les calza el estilo y la obra, pues como se sabe, basta un golpe de ojo para advertir a Mendive, Zaida, Nelson, Flora, Ever, Frómeta (en su vertiente sígnico-abstracta), Eduardo Rubén, Abelita, García Peña, Aisar, Lescay, López Oliva, Montoto, Moreira, Pedro Pablo, Cosme, Ángel Ramírez, Choco, Bonachea, Rubén Rodríguez y Sosabravo.

Dejo tres nombres aparte porque lo que exhiben puede tomarse como puntos de inflexión ascendentes en sus poéticas. Lesbia Vent Dumois, siguiendo la línea inédita que nos descubriera en su muestra personal Puntadas para el amor, relanza unos versos de amor de Rubén Martínez Villena en un formato para nada convencional de finísima elaboración y sentido lírico. Alicia Leal se redescubre en la fotografía, arte que le es afín, con ingenio y sabiduría minimal. Mientras Joel Jover, valiéndose de su experiencia acumulada y sólido acervo intelectual, nos regala con Mujer con turbante rojo, un ejercicio de concentradas formas y excelente dibujo que recuerda que la pintura no tiene por qué ceder en jerarquía ante la eclosión experimental de estos tiempos.

AB et C resulta, por tanto, un abanico de certezas. Se palpa la vibración de expresiones artísticas que van desde puertos seguros a nuevos destinos.

Mujer de turbante rojo, de Joel Jover. La puerta, de Cosme Proenza.

Mambrú se fue a la guerra, fotografía de Alicia Leal. Exaedro rosa, de Lesbia Vent Dumois.
 

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