Como
"insidiosa" califican los especialistas la anemia, al ser una
enfermedad en apariencia inofensiva pero dañina para la salud
humana, fundamentalmente en las primeras etapas de la vida, porque
aunque no se expresa de forma clínica en sus estadios iniciales (no
manifiesta síntomas), origina trastornos del aprendizaje, la memoria
y del desarrollo motor, discapacidades que se ponen en evidencia a
más largo plazo.
Atendiendo a estos criterios científicos, la profesora Gisela
Pita Rodríguez, médica especialista de segundo grado en Bioquímica
Clínica y responsable del Laboratorio de Anemias Nutricionales del
Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos, hace un llamado
de alerta a las familias y plantea la importancia de que los padres
mantengan "la preocupación" de la posible existencia de una anemia
nutricional en sus hijos.
El Programa de Atención Materno-Infantil del Ministerio de Salud
Pública tiene establecido que a todos los niños del país, en las
Consultas de Puericultura, a los seis meses de nacidos, cuando
cumplen dos años y antes de comenzar en la escuela, se les indiquen
exámenes de laboratorio para conocer la concentración de
hemoglobina, una proteína de la sangre que en su estructura tiene
hierro y su principal función es el transporte de oxígeno a todo el
cuerpo.
Cuando la cantidad de hemoglobina de una persona se encuentra por
debajo del nivel establecido como adecuado por la Organización
Mundial de la Salud, se produce entonces la anemia.
La cifra adecuada de hemoglobina varía con la edad y el sexo. En
los pequeños de seis meses hasta los cinco años el valor considerado
normal es de 110 g/L, y en los escolares (de cinco años a los 11) es
de 115 g/L.
La doctora Pita, profesora e investigadora auxiliar, Máster en
Salud Ambiental, indica que cuando el tratamiento de la anemia es
exitoso, generalmente se observa el comienzo de una respuesta en los
niveles de hemoglobina a partir de la tercera o cuarta semana de
iniciado. Y subraya que la medicación debe prolongarse hasta tres
meses después que la hemoglobina haya alcanzado los valores
adecuados.
Los recién nacidos que reciben lactancia materna exclusiva no
requieren la incorporación de otros nutrientes antes de los seis
meses de edad, porque la leche de la madre es el primer alimento y
el único que tiene una biodisponibilidad de hierro excepcionalmente
alta.
El tratamiento dietético para la anemia consiste en un régimen
normal de alimentación, según las recomendaciones nutricionales de
cada persona, pero incorporando a la dieta alimentos ricos en hierro
(hígado, carnes rojas, pollo, pescado, huevo, alimentos fortificados
con hierro como el puré de frutas y el pan), junto con aquellos que
favorecen la absorción de este nutriente: la mayor parte de las
frutas y vegetales.
Pero si de prevención en salud se trata, considera la
especialista, habría que señalar también que los cuidados para que
un niño no padezca de anemia y otros trastornos evitables, deben
empezar desde que las mujeres se encuentran en edad fértil. Es
esencial por ello que acudan a la consulta del médico de familia,
como mínimo, seis meses antes de la planificación de un embarazo
deseado para conocer y darle seguimiento a trastornos vinculados con
los riesgos preconcepcionales, asociados, entre otros, con la
hipertensión, la desnutrición y la anemia.
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Alimentos que aportan hierro
Hígados, purés de frutas fortificados
(compotas), morcilla, cereales para desayuno fortificados,
espinaca, frijoles, pan, lechuga, huevo de gallina (yema),
berro, acelga, picadillo de res con soya, hamburguesa con soya,
carne de res, ajonjolí, carne de cerdo, proteína vegetal, pato,
carne de caballo, caimito, ciruela, frutabomba mamey, jamón
Vicking, pollo, mariscos, carne de carnero, pescados.
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