El Congreso de los Diputados convalidó hoy la nueva reforma
financiera impulsada por el Gobierno español, que obligará a los
bancos a realizar un esfuerzo adicional en provisiones inmobiliarias
por unos 28 mil millones de euros, informó Prensa Latina.
Estas provisiones afectarán a los activos inmobiliarios
considerados sanos, a diferencia de un primer paquete de medidas
adoptado en febrero pasado, que exigió a la banca 54 mil millones de
euros para sanear la cartera de créditos morosos o problemáticos.
El Ejecutivo del conservador Partido Popular (PP), que cuenta con
la mayoría de escaños en la Cámara baja, logró sacar adelante su
real decreto-ley de saneamiento del sector financiero con el apoyo
de Coalición Canaria y Unión del Pueblo Navarro (178 votos).
La norma, aprobada el pasado 11 de mayo, recibió 123 abstenciones
del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), principal de la
oposición, y Convergencia y Unión (CyU); y el rechazo de 28
diputados del resto de las formaciones políticas.
La administración de Rajoy accedió a que la reforma financiera se
tramite en el Congreso como proyecto de ley, como pidió la
oposición, lo cual permitió su ratificación con la abstensión del
PSOE y CyU, que intentarán ahora introducir enmiendas al texto.
El PSOE confía en poder eliminar la obligación de que el Estado
tenga que vender antes de tres años su participación en las
entidades bancarias rescatadas, para que así la desinversión se haga
cuando sea oportuna, según fuentes del grupo socialista.
Los socialistas también exigen que no se creen bancos malos ni se
aporte dinero público para sanear los activos tóxicos, así como que
se promuevan programas para reestructurar la deuda de las familias y
dar una solución a las participaciones preferentes.
Las principales críticas se centraron en la falta de negociación
del decreto por parte del Gobierno, así como por la inyección de más
dinero público en las entidades financieras mientras se aplican
recortes en las partidas presupuestarias de gasto.
Además, en los debates estuvo muy presente la demanda de
depuración de responsabilidades, particularmente en el caso Bankia,
cuarto banco del país, que solicitó ayudas públicas al Estado de más
de 23 mil millones de euros para garantizar su solvencia.
Al cierre de 2011, la banca española tenía una exposición
inmobiliaria de 308 mil millones de euros, de los cuales 184 mil
millones correspondían a créditos problemáticos.