La región norandina de Cajamarca comenzará hoy una huelga contra
un proyecto minero, mientras en otra región peruana, bajo estado de
emergencia, persiste la tensión en medio de un grave conflicto.
Diversas organizaciones sociales de Cajamarca se proponen
paralizar la ciudad capital, del mismo nombre, así como las
provincias de la región, para que el Gobierno descarte el proyecto
minero aurífero Conga.
Dirigentes de la protesta alertaron a la población contra
posibles provocadores empresariales que intenten acciones violentas
para desacreditar el paro y asignaron ese carácter al hallazgo
policial de tres bombas incendiarias de fabricación casera, ayer, en
el aeropuerto cajamarquino.
El paro retoma movilizaciones contra el proyecto Conga de capital
mayoritariamente estadounidense- motivadas por el temor de que
deprede las aguas y el ambiente.
El proyecto está congelado desde noviembre pasado, aunque ahora
el Gobierno le ha dado luz verde, tras hacerle nuevas exigencias
sociales y ambientales a partir de un peritaje internacional sobre
su impacto hídrico.
La tensión caracteriza las primeras horas del paro, después que
el pasado martes una concurrida concentración promovida por sectores
empresariales y oficiales respaldó el proyecto, en medio de temores
por posibles enfrentamientos, advirtió Prensa Latina.
Entretanto, en la región centroandina de Cusco, la provincia de
Espinar sigue bajo estado de emergencia, decretado tras las
violentas protestas del lunes, reprimidas por la policía, que mató a
balazos a dos civiles e hirió a decenas.
La situación osciló entre el alivio y la tensión, pues por una
parte fueron liberados la mayoría de cerca de 30 detenidos, incluido
el presidente del Frente de Defensa de Espinar, Herbert Huamán,
apresado el martes y llevado a la ciudad de Cusco, capital regional.
Al mismo tiempo, fue apresado de forma violenta el alcalde
lugareño, Óscar Mollohuanca, cuando estaba por sumarse a un diálogo
con otros alcaldes y el presidente regional (gobernador), Jorge
Acurio.
La detención del alcalde generó fisuras oficialistas, pues fue
denunciada como una provocación contra el diálogo para solucionar el
conflicto, por tres parlamentarios cusqueños y Acurio, todos del
partido gobernante, que culparon al primer ministro Óscar Valdés.
Los parlamentarios pidieron incluso el cese de Valdés, pero este
fue respaldado por la bancada oficialista y desestimó los
cuestionamientos, a tiempo de señalar que habrá diálogo solo cuando
se haya restablecido totalmente el orden.