Las inteligencias y la taquilla

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

La inteligencia (representada en el talento y en la sensibilidad artística) y, por otra parte, la taquilla cinematográfica internacional (a la que no le falta ni inteligencia ni talento, pero de otro tipo) vuelven a evidenciar por estos días las diferencias que, desde lejanos tiempos, las separan.

Jean-Louis Trintignant junto a Emmanuelle Riva en Amor, ganadora de la Palma de Oro en Cannes.

Las noticias se encargan de evidenciarlo: mientras en el prestigioso Festival de Cannes acaba de ganar la Palma de Oro una cinta del austriaco Michael Haneke, acerca de un matrimonio octogenario y la inevitable muerte que espera a uno de ellos, la otra parte del gran acontecer cinematográfico internacional echa campanas al vuelo para referirse al destrone del primer lugar de la taquilla ––siempre predominando el puro espectáculo–– del que fue objeto el filme Los vengadores por parte de la tercera entrega de Hombres de negro.

Haneke, conocido en nuestro país fundamentalmente por La pianista (2001), La cinta blanca (2009) y las dos versiones de Funny Games, una austriaca (1997) y otra estadounidense (2007), logró reunir a dos mitos del cine francés, Emmanuelle Riva (Hiroshima mon amour, 1959), y a Jean-Louis Trintignant para referirse en Amor a un tema que, siendo pura vida, son pocos los que lo tratan, y que desde el día de su inauguración puso a llorar a medio Festival de Cannes.

No faltaron buenas cintas en competencia allí, como las del británico Ken Loach, Los ángeles compartidos, ganadora del tercer premio, y la del rumano Cristian Mungiu, Detrás de las colinas, premio al mejor guión, pero llamó la atención que, de los cinco filmes estadounidenses presentes, ninguno logró hacer una cruz en los acápites concursantes.

Buscar una explicación en las diferentes maneras de concebir el cine por parte de norteamericanos y franceses (o europeos, en sentido general), no sería atinado por cuanto el pasado año ganó la Palma de Oro el sobrecogedor y poético El árbol de la vida, del norteamericano Terrence Malik, mientras Kirsten Dunst se alzó con el galardón de mejor actriz por Melancolía, de Lars Von Trier, excelentes películas, pero muy lejos de encabezar ninguna lista de títulos aclamados por eso que suele denominarse "el gran público", como tampoco lo harán los filmes ahora ganadores en Cannes, sencillamente porque ahí están Los vengadores y Los hombres de negro, y todos los que por ese estilo llegarán desde Hollywood, para impedirlo (que no por gusto el último filme citado está en la preferencia del público en ¡104 países!, algo posible porque la misma firma que produce, domina las taquillas mediante la más millonaria de las promociones).

El cine de espectáculo continúa halando el gusto hacia un solo lado como el más rentable de los negocios, y también como disfrute de los que gustan solo de ese tipo de cine ––que no hay por qué criticarlos–– aunque sí lamentarse de que millones y millones se pierdan películas de otros vuelos, que por suerte, y sin figurar en listas masivas de audiencia, se siguen realizando para un público que, aunque en minoría, existe y hay que respetarlo.

 

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