"Es algo emocionante. Una tiene muchas vivencias cuando se para
ante un aula", confiesa esta joven que a diferencia de la mayoría de
las niñas, de pequeña no prefirió jugar a las casitas, sino a dar
clases frente a una pizarra.
Como ella, cientos de estudiantes pinareños se forman hoy como
educadores bajo un programa riguroso, que le ha permitido a la
provincia garantizar la totalidad de los maestros que necesita.
Según datos oficiales, estos son alrededor de 17 400, una cifra
que hace posible, incluso, apoyar con más de 250 docentes a las
escuelas de la capital del país.
Sin duda, un logro decisivo para la preparación de las próximas
generaciones. Rolando Pacheco, subdirector de Educación en el
territorio, explica que ello no solo significa que los estudiantes
tengan asegurada la presencia de un maestro, sino que permite
reducir la cantidad de alumnos por aula y, por tanto, atender
diferenciadamente a los casos que así lo requieran.
"O sea, poder desarrollar clases de mayor calidad", resume el
funcionario, quien atribuye el resultado a un trabajo sostenido
durante años.
"En nuestra provincia, los maestros y profesores han hecho un
gran esfuerzo por fomentar el interés por el estudio de carreras
pedagógicas. Para ello, se ha insistido en la necesidad de trabajar
en la formación vocacional desde edades tempranas, mediante el
rescate del movimiento de monitores y los círculos de interés."
De esa manera la provincia ha conseguido vencer la falta de
motivación entre adolescentes y jóvenes —inducida muchas veces desde
la casa— por dedicarse al magisterio.
Desde hace tres años, escogemos por sus cualidades propicias para
el magisterio a los muchachos que entran a nuestro centro", comenta
Luis Duarte, director del Instituto Preuniversitario Isabel Rubio,
de la ciudad de Pinar del Río, en la actualidad con 14 aulas
pedagógicas.
"En los primeros cursos, sin embargo, no sucedía así. No eran
pocas las familias que se resistían a que sus hijos se hicieran
maestros."
Ante esa realidad, la dirección de la escuela emprendió la
organización de visitas a las secundarias básicas del territorio, a
fin de explicar ante alumnos y padres las condiciones del centro, la
base material disponible —incluida una amplia biblioteca y cinco
modernos laboratorios—, y todas las posibilidades profesionales que
en él se ofrecen.
"Como resultado de ello, en la actualidad estamos recibiendo
entre 200 y 300 solicitudes por encima de la cantidad de plazas
disponibles, para ingresar en nuestra institución", afirma Duarte.
Otro tanto ocurre en la Escuela Pedagógica Tania la Guerrillera,
de donde egresan los educadores encargados de la enseñanza prescolar
y primaria.
"Para el próximo curso, aquí se abrirán 378 nuevas plazas, y hoy
existen más de 1 000 estudiantes optando por ellas", asegura Luis
Roberto Machado, su director, quien coincide en que el tema es
demasiado sensible para dejarlo a la espontaneidad.
"Hasta el mes de enero habían manifestado interés por acceder a
nuestro centro unos 655 estudiantes de noveno grado. Entonces nos
dimos a la tarea de ir a cada una de las secundarias de la
provincia.
"Junto a los profesores, enviamos una representación de los
mejores alumnos, a fin de que pudieran intercambiar sobre las
características de la escuela y sus experiencias aquí. El resultado
fue muy positivo".
El aumento de la demanda de especialidades pedagógicas permite en
la actualidad un proceso de selección mucho más exigente. "La
formación de los estudiantes ha ido en ascenso", comenta el
subdirector de Educación Rolando Pacheco.
Es el caso de Arlenis Fernández, otra jovencita de 16 años que
siempre soñó con ser maestra, o de Beatriz Cabrera, quien considera
que el magisterio constituye una obra de amor, porque no solo se
trata de transmitir conocimientos, sino de educar a las nuevas
generaciones.
No obstante, el funcionario advierte que aún es preciso seguir
haciendo énfasis en determinadas especialidades, como Matemática,
Física, Química: "las ciencias, en general, que son las menos
demandadas por los estudiantes, y al mismo tiempo las que más se
necesitan hoy".
Para ello insiste en la importancia de iniciar el trabajo de
formación vocacional desde temprano. "No se puede esperar al último
año de secundaria o de preuniversitario para hacerlo", advierte.
"Solo así lograremos que, en el futuro, la calidad de la
educación de nuestros hijos siga estando asegurada".