Educación a futuro, sin sobresaltos

Gracias a una acertada estrategia de trabajo, Pinar del Río ha logrado cubrir sus necesidades de maestros, y crear una reserva de más de 250 profesionales que hoy apoyan la docencia en la capital del país

RONALD SUÁREZ RIVAS

Todavía habrá de pasar mucho tiempo antes de que Marielys Díaz pueda colgar su título de educadora en una pared de la casa, pero, a sus 16 años, ya valora con orgullo saber que la llamarán maestra.

foto del autorContar en Pinar del Río con los maestros necesarios permite reducir la cantidad de alumnos por aula.

"Es algo emocionante. Una tiene muchas vivencias cuando se para ante un aula", confiesa esta joven que a diferencia de la mayoría de las niñas, de pequeña no prefirió jugar a las casitas, sino a dar clases frente a una pizarra.

Como ella, cientos de estudiantes pinareños se forman hoy como educadores bajo un programa riguroso, que le ha permitido a la provincia garantizar la totalidad de los maestros que necesita.

Según datos oficiales, estos son alrededor de 17 400, una cifra que hace posible, incluso, apoyar con más de 250 docentes a las escuelas de la capital del país.

Sin duda, un logro decisivo para la preparación de las próximas generaciones. Rolando Pacheco, subdirector de Educación en el territorio, explica que ello no solo significa que los estudiantes tengan asegurada la presencia de un maestro, sino que permite reducir la cantidad de alumnos por aula y, por tanto, atender diferenciadamente a los casos que así lo requieran.

"O sea, poder desarrollar clases de mayor calidad", resume el funcionario, quien atribuye el resultado a un trabajo sostenido durante años.

"En nuestra provincia, los maestros y profesores han hecho un gran esfuerzo por fomentar el interés por el estudio de carreras pedagógicas. Para ello, se ha insistido en la necesidad de trabajar en la formación vocacional desde edades tempranas, mediante el rescate del movimiento de monitores y los círculos de interés."

De esa manera la provincia ha conseguido vencer la falta de motivación entre adolescentes y jóvenes —inducida muchas veces desde la casa— por dedicarse al magisterio.

Desde hace tres años, escogemos por sus cualidades propicias para el magisterio a los muchachos que entran a nuestro centro", comenta Luis Duarte, director del Instituto Preuniversitario Isabel Rubio, de la ciudad de Pinar del Río, en la actualidad con 14 aulas pedagógicas.

"En los primeros cursos, sin embargo, no sucedía así. No eran pocas las familias que se resistían a que sus hijos se hicieran maestros."

Ante esa realidad, la dirección de la escuela emprendió la organización de visitas a las secundarias básicas del territorio, a fin de explicar ante alumnos y padres las condiciones del centro, la base material disponible —incluida una amplia biblioteca y cinco modernos laboratorios—, y todas las posibilidades profesionales que en él se ofrecen.

"Como resultado de ello, en la actualidad estamos recibiendo entre 200 y 300 solicitudes por encima de la cantidad de plazas disponibles, para ingresar en nuestra institución", afirma Duarte.

Otro tanto ocurre en la Escuela Pedagógica Tania la Guerrillera, de donde egresan los educadores encargados de la enseñanza prescolar y primaria.

"Para el próximo curso, aquí se abrirán 378 nuevas plazas, y hoy existen más de 1 000 estudiantes optando por ellas", asegura Luis Roberto Machado, su director, quien coincide en que el tema es demasiado sensible para dejarlo a la espontaneidad.

"Hasta el mes de enero habían manifestado interés por acceder a nuestro centro unos 655 estudiantes de noveno grado. Entonces nos dimos a la tarea de ir a cada una de las secundarias de la provincia.

"Junto a los profesores, enviamos una representación de los mejores alumnos, a fin de que pudieran intercambiar sobre las características de la escuela y sus experiencias aquí. El resultado fue muy positivo".

El aumento de la demanda de especialidades pedagógicas permite en la actualidad un proceso de selección mucho más exigente. "La formación de los estudiantes ha ido en ascenso", comenta el subdirector de Educación Rolando Pacheco.

Es el caso de Arlenis Fernández, otra jovencita de 16 años que siempre soñó con ser maestra, o de Beatriz Cabrera, quien considera que el magisterio constituye una obra de amor, porque no solo se trata de transmitir conocimientos, sino de educar a las nuevas generaciones.

No obstante, el funcionario advierte que aún es preciso seguir haciendo énfasis en determinadas especialidades, como Matemática, Física, Química: "las ciencias, en general, que son las menos demandadas por los estudiantes, y al mismo tiempo las que más se necesitan hoy".

Para ello insiste en la importancia de iniciar el trabajo de formación vocacional desde temprano. "No se puede esperar al último año de secundaria o de preuniversitario para hacerlo", advierte.

"Solo así lograremos que, en el futuro, la calidad de la educación de nuestros hijos siga estando asegurada".

 

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