La terrible masacre ocurrida en Houla, se debe —según el llamado
Observatorio Sirio de Derechos Humanos, con sede en Londres— a una
presunta marcha en esa ciudad contra el gobierno de Bashar al Assad.
Esta entidad, financiada por la Inteligencia de potencias que
quieren parte del pastel, aseguró, tal y como el primer periodista
que llega a una escena del crimen, que el ejército de ese país
asesinó a 92 personas, entre ellas, 32 niños; sin embargo, en un
acto de tal magnitud, la prensa occidental fue la última en
enterarse. Increíble ¿no?
Es curioso ver qué tan parecidas suelen ser estas historias. La
estrategia llevada a cabo hace algunos años contra Kosovo fue
precedida por una supuesta masacre que sirvió de prólogo al
bombardeo del endemoniado escuadrón de la muerte que puso fin al
conflicto.
La intervención en Libia tuvo también el mismo estilo: masacre en
Bengasi y todo quedó dispuesto para exigir en el Consejo de
Seguridad una intervención de la OTAN, y con ella, asesinar al líder
libio Muammar al Gaddafi.¿Quién se beneficia con lo sucedido en
Houla?
Coincidencia o no, lo cierto es que la vieja jugada echa por
tierra lo que queda del plan de paz de Kofi Annan frente a las
interrogantes: ¿La historia se repite? ¿Cada masacre antecede a una
intervención militar?
El Gobierno de Al Assad ha exigido una pesquisa para encontrar a
los verdaderos autores de lo ocurrido en Houla. En tanto, el
canciller ruso, Serguei Lavrov, insistió en una investigación
imparcial de la matanza, la cual entra en contradicción con los
planes de Occidente. El intempestivo anuncio de las expulsiones de
los embajadores de la nación árabe por parte de los gobiernos de
Francia, Alemania, Australia, España, Reino Unido, Italia y Canadá,
no parece nada casual.
Al Assad es consciente del plan que orquestan a sus espaldas. El
gobernante sirio advirtió que la clave del éxito de la misión de la
ONU será el cese del terrorismo y del contrabando de armas en su
país.