Sin
muchas palabras, en una sola frase, José Martí definía la valoración
política y el agradecimiento de los revolucionarios cubanos al
combatiente internacionalista Carlos Roloff Mialofski, al decir que
era, por su indiscutible cubanía, una persona que "tenía bien ganada
la palma alta sobre su sepultura".
Cuando aquel hombre de mediana estatura, ojos verdosos de mirar
incierto, de barba negra y caminar pausado, arribó a Cuba en el año
1865, no podía imaginarse que con el paso del tiempo llegaría a
convertirse en uno de los más prestigiosos jefes militares que
combatió por la independencia de Cuba.
Nacido en Varsovia, Polonia, Roloff se asentó en el pueblo de
Caibarién, donde trabajó y conspiró por la independencia desde los
primeros momentos de nuestras luchas, y fue uno de los primeros que
acudió al alzamiento revolucionario en Las Villas en 1869.
En el encuentro de Guáimaro acompañó al Padre de la Patria,
Carlos Manuel de Céspedes.
Este combatiente internacionalista obtuvo en poco tiempo el grado
de Mayor General en las filas del Ejército Libertador cubano. Le
tocó vivir instantes gloriosos de nuestra historia, sin eludir los
amargos, como el Pacto del Zanjón, en el que hizo gala del su
dignidad revolucionaria al ser uno de los últimos jefes en entregar
sus armas luego de diez años de incesante batallar. Participó en la
Guerra Chiquita.
Fue compañero de Martí en la fundación del Partido Revolucionario
Cubano. También se incorporó a la Guerra Necesaria.
Por sus méritos y capacidad militar fue nombrado primer jefe del
Cuarto Cuerpo del Ejército Libertador, Secretario de Guerra e
Inspector General del Ejército. Como organizador de expediciones
sufrió detención y prisiones en los Estados Unidos.
Laboró incansablemente en lo que sería el libro Índice del
Ejército Libertador de Cuba, publicado en 1901. Ciudadano cubano
desde 1902, mantuvo una actitud ejemplar al frente de la Tesorería
General de la República, cargo que fue el primero en ocupar y
mantuvo hasta su muerte, el 17 de mayo de 1907, en Guanabacoa.
Falleció respetado y querido por el pueblo de Cuba, que un día
como hoy, al cumplirse 105 años de su fallecimiento, rinde tributo
al "bravo amigo", al "glorioso Roloff", como fuera llamado por
Martí.