Especialistas de la Oficina de Asuntos Latinoamericanos vinculan
hoy el aumento de las violaciones de los derechos humanos en
Centroamérica y Suramérica a las acciones de agentes del
Departamento Antidrogas estadounidense (DEA) en la zona.
La organización, promotora de los derechos humanos en la región,
está preocupada porque agentes de la DEA intervienen frecuentemente
junto con policías y militares en operaciones antidrogas a lo largo
y ancho de esta área geográfica.
Hemos visto en los últimos años que cada vez que los militares
interactúan con la población, los incidentes de violaciones de
derechos humanos se incrementan, expresó el investigador asociado a
la institución con sede en Washington, George Withers.
Estamos preocupados de que Estados Unidos esté fomentando el uso
del ejército para el trabajo policial, afirmó, citado por el diario
hondureño La Tribuna.
Estas declaraciones concuerdan con las denuncias del Consejo
Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas (Copinh), autoridades
locales y otros movimientos sociales en Honduras, acerca de
operaciones conjuntas al este de este país que motivaron la muerte
de cuatro personas el viernes último.
Entre los fallecidos el 11 de mayo estaban dos embarazadas, que
con otros cuatro heridos, fueron impactados por disparos de
ametralladoras desde un helicóptero tripulado por policías
hondureños y elementos de la DEA, señaló Prensa Latina.
La masacre perpetrada en el río Patuca, cuando un pipante o canoa
se aproximaba a la comunidad miskita de Ahuas, proveniente de Barra
Patuca, es un indicador de la violencia a la que es sometido el
pueblo miskito de Honduras, afirmó la Organización Fraternal Negra
Hondureña (Ofraneh). Los atacantes desde las naves de la DEA
acabaron con la vida de Emerson Martínez, Chalo Brock Wood,
Candelaria Tratt Nelson y Juana Banegas, ambas embarazadas.
Como consecuencia de los disparos, además, siguen hospitalizados
en la ciudad de la Ceiba, Melanio Eulopio, Hilda Lezama de Eulopio,
Wilmer López y Lucio Adán.
Respetando los derechos humanos hubo un intercambio de disparos
en la escena, señaló el director de la Policía Nacional, el
comisionado general Ricardo Ramírez, cuyas palabras fueron
desmentidas por los testigos.
Estos aseguraron que recibieron un baño de fuego de forma
indiscriminada con ametralladoras y granadas, algo frecuente desde
que se iniciaron los choques entre narcotraficantes y supuestos
agentes de seguridad del Estado sin considerar los impactos sobre el
pueblo miskito en el territorio.
La iraquización de Honduras es más evidente que nunca: el estado
fallido inducido tiene un guión fabricado desde el Comando Sur de
Estados Unidos, lo que hizo de este un país sumido en la violencia
hasta ocupar el primer puesto en homicidios del planeta, además del
imparable trafico de armas, opinó Ofraneh.