No obstante, según la National Academy of Sciences de EE.UU., los
números muestran que los inmigrantes dan más de lo que toman de la
economía nacional. Según el economista Benjamin Powell, esos
trabajadores aportan 22 mil millones de dólares anuales y su
legalización fácilmente aumentaría la cifra.
Los recursos que pagan en impuestos superan el monto que reciben
en beneficios sociales, especialmente porque muchos de ellos
regresan a sus países de origen antes de jubilarse, y no reclaman
prestaciones del sistema de seguridad social.
Además, los más pobres no hablan inglés, no conocen las leyes, no
tienen papeles para trabajar, son perseguidos o viven escondiéndose,
y así, les tocan los trabajos que los nativos no desean.
Por ejemplo, en la industria turística, mientras el 40 % de los
inmigrantes trabaja en ocupaciones como limpieza, solo el 16 % de
los empleados de origen estadounidense lo hace.
Algunos oficios solo existen debido a la disponibilidad de
indocumentados, quienes además están dispuestos a trabajar por
sueldos menores a lo que los estadounidenses aceptarían.
Aun así, EE.UU. no quiere pagar servicios médicos, educativos,
laborales ni sociales a los inmigrantes. El único derecho que tienen
es el de trabajar, y cuando estorban son deportados.
En definitiva, ¿es la inmigración buena o mala para Estados
Unidos? La mayoría de los expertos parece estar de acuerdo en que la
economía de esa nación es más grande y crece más rápido debido al
flujo de trabajadores indocumentados.
En pocos temas hay tanta hipocresía como en este. Rechazan a los
"extranjeros", pero los necesitan. Por la naturaleza misma de los
principios sobre los cuales fue fundado Estados Unidos, ese país
atrae a los inmigrantes más que ningún otro. ¿Quién no ha oído
hablar del "sueño americano"? La inmigración forma parte sustancial
de su mitología nacional.
Muchos están molestos con Obama, pues llegó a la Casa Blanca con
la promesa de una necesaria reforma migratoria que no acaba de
concretarse. Sin embargo, no parece que los republicanos tengan algo
mejor que ofrecer. Y es que no importa quién ocupe el Despacho Oval.
Una cosa es la cáscara, y otra el huevo. Los problemas sistémicos no
se resuelven con medidas coyunturales.