Fortuño pone en venta la identidad

Leandro Maceo Leyva

El Gobernador de Puerto Rico, Luis Fortuño, pretende retomar la vieja práctica anexionista para "americanizar" la isla al oficializar el idioma inglés y relegar el español a simples clases de literatura y gramática.

Fortuño, mencionado como posible candidato republicano a la vicepresidencia de EE.UU., propone un plan ambicioso, que muchos consideran poco realista. Pero el gobernador, quien aspira a que Puerto Rico sea el Estado número 51 de Washington, asegura impúdicamente que su proyecto responde a una necesidad económica, no política.

El plan del gobierno consiste en llevar a las 1 472 escuelas públicas de la isla la enseñanza del inglés de forma total, pues hasta la fecha solo lo imparten 12 de ellas.

El inglés dominó la educación pública en Puerto Rico durante la primera mitad del siglo XX, hasta que el gobernador Luis Muñoz Marín puso fin a esa práctica en 1948.

En 1991, el gobernador Rafael Hernández Colón, bajo presión popular declaró el español como el único idioma oficial de la isla. Esa ley fue anulada un par de años después por el gobernador Pedro Roselló, cuyo primer acto institucional fue declarar el inglés y el español idiomas oficiales. Esa ley sigue vigente.

El cambio que propone ahora Fortuño significaría una pérdida de la identidad de los puertorriqueños y otro paso hacia la anexión total. La Asociación de Maestros de la isla apoya la educación bilingüe, pero considera que enseñar todas las materias en inglés es demasiado extremo. Aida Díaz, presidenta de la formación, aseguró que esa política es errónea, pues "nos lleva a sustituir nuestro propio idioma por uno secundario".

La propuesta de Fortuño llega anticipada al referendo previsto para el mes de noviembre, cuando los puertorriqueños definirán si se convierten en Estado, proclaman su independencia o se quedan como el eufemístico Estado libre asociado. Algo que obviamente no es casual.

Será que Fortuño necesita otro dialecto para hacerse escuchar y defender los verdaderos derechos de su pueblo en las oficinas de Washington. La historia de Puerto Rico y de América Latina demuestra que, en buen español se puede decir "no" a la dominación y "sí" a la independencia.

 

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