BUENOS AIRES, 7
mayo.— Con la lectura de la requisitoria fiscal, comenzaron a ser
juzgados hoy en la patagónica ciudad de Rawson cinco exmarinos
argentinos imputados por el fusilamiento de 19 prisioneros en la
Masacre de Trelew, en 1972.
El juicio oral y público, catalogado de histórico por familiares
de las víctimas, transcurre en la amplia sala del Centro Cultural
José Hernández, de Rawson, distante unos mil 440 kilómetros al sur
de esta capital.
Los cinco acusados son los excapitanes Luis Sosa, Emilio Del
Real, Rubén Paccagnini y Jorge Bautista, éste último por
encubrimiento; así como el ex cabo Carlos Marandino, mientras otros
dos implicados quedaron fuera del proceso.
Se trata del exalmirante Horacio Mayorga, quien por razones de
salud mental no está en condiciones de defenderse ante los
tribunales; y del excapitán Roberto Bravo, cuya extradición fue
negada por Estados Unidos, país donde reside, detalló la agencia de
noticias Télam.
A la sesión de apertura del proceso judicial, transmitida en vivo
por el Canal 7 de la provincia de Chubut y amplificada en la plaza
central de la ciudad, asistieron el gobernador Martín Buzzi y el
diputado nacional Horacio Pietragalla.
La Masacre de Trelew ocurrió el 22 de agosto de 1972, una semana
después que un grupo de prisioneros políticos se fugara del penal de
Rawson, el 15 del propio mes, y 19 de ellos pactaran su rendición.
Según la acusación, la negociación de los reos con oficiales de
la Armada quienes les prometieron garantías- fue presenciada por el
juez Alejandro Godoy, abogados y periodistas, pese a lo cual fueron
fusilados en la base aeronaval Almirante Zar en la madrugada del 22
de agosto.
Como consecuencia de los disparos o de los tiros de gracia
murieron 16 de los 19 prisioneros, en tanto tres de ellos resultaron
gravemente heridos y posteriormente fueron asesinados y
desaparecidos.
Aún con el tiro de gracia sobrevivieron Alberto Miguel Camps,
María Antonia Berger y Ricardo René Haidar, a quienes los dejaron
desangrar sin atención médica hasta entrada la mañana, cuando otro
personal de la Armada los trasladó a Bahía Blanca.
Los tres sobrevivientes fueron interrogados en octubre del propio
año en la cárcel de Devoto y coincidieron todos en señalar al
entonces capitán Roberto Bravo como el oficial que recorrió los
calabozos para rematar con un disparo de gracia en la nuca a los
fusilados.