Voces de los pueblos indígenas suramericanos
irrumpirán la próxima semana en Naciones Unidas, a cinco años de la
aprobación de la Declaración sobre los derechos de esas etnias
originarias.
El tema especial "La doctrina del descubrimiento: su
repercusión duradera en los pueblos indígenas y el derecho a recibir
reparación por conquistas del pasado" centrará el debate en la ONU
hasta el 18 de mayo.
Los delegados de Suramérica representarán a los más
de 40 millones de aborígenes de la región, la mayoría discriminados
por sus identidades y cultura diferenciadas y por sus tradicionales
formas de vida.
Naciones del subcontinente como Argentina, Bolivia,
Chile, Perú y Venezuela reconocen en sus constituciones los derechos
específicos de esas comunidades y diseñan planes de inserción.
Sin embargo, numerosos movimientos y organizaciones
indígenas insisten en denunciar en diversos foros las vejaciones que
con regularidad enfrentan las comunidades aborígenes en sus
respectivas sociedades.
Insisten en que no se puede hablar de democracia,
gobernabilidad y de igualdad si no hay participación de los pueblos
amerindios en los procesos de toma de decisiones y en la promoción
de políticas públicas.
A mediados de abril los pueblos indígenas de América
denunciaron el riesgo de exterminio físico y cultural que padecen
sus comunidades y llamaron a reconocer el derecho a la existencia.
Los indígenas, agrupados en el denominado Foro
Social, exigieron escenarios de interlocución con los Estados a
propósito de la celebración de la VI Cumbre de las Américas en
Cartagena de Indias, Colombia.
En esa ocasión la abogada de la Organización
Nacional de Indígenas de Colombia (ONIC), Ana Manuela, advirtió que
de las 102 comunidades que tiene ese país, 35 están en riesgo de
exterminio físico y cultural.
Pérdida de la identidad, desarraigo cultural,
desempleo y bajos ingresos así como la eventual desaparición
demográfica cuentan entre las principales problemáticas que aquejan
a los amerindios.
La ONU estima en unos 300 millones el número de
indígenas a nivel mundial, víctimas de las consecuencias de la
colonización o de la conquista de las que fueron objeto a lo largo
de la historia.
Se trata de cinco mil pueblos nativos asentados en
70 países que pese a mantener sus propias particularidades
lingüísticas y culturales, se han visto obligados a asimilar
patrones de vida de grupos socioeconómicos dominantes.
James Anaya, relator especial de la ONU sobre los
derechos de los pueblos indígenas, alertó ayer que esas comunidades
en Estados Unidos experimentan sentimientos de pérdida, alienación e
indignidad.
Queda mucho por hacer para curar las heridas de su
historia de opresión, afirmó Anaya, quien lamentó no haber podido
reunirse con miembros del Congreso estadounidense.
La visita de Anaya ha sido considerada histórica por
ser la primera vez que un experto designado por el Consejo de
Derechos Humanos de la ONU hace un informe sobre la situación de los
indígenas de ese país.
El texto llama a las autoridades federales y
estatales de Estados Unidos a mejorar la situación de los pueblos
indígenas que viven dentro de sus fronteras y será presentado en
Ginebra en septiembre venidero.