Justo veredicto para Arcelio

GERMÁN VELOZ PLACENCIA

El premio anual de la Asociación Cubana de Producción Animal (ACPA) a la Excelencia Productiva Guillermo Leiva González, correspondiente a la categoría de Productor Individual durante el 2011, está en manos del holguinero Arcelio Pérez López.

Foto del autorArcelio cuida con esmero los animales y declara constantemente que quien los maltrate no puede ser su compañero de trabajo.

Hay alegría en Güirabito y Güirabo, sitios circundantes a la Cooperativa de Crédito y Servicios Pedro Rojena, de la cual es asociado Arcelio, a quien se le conoce igualmente mucho más allá del municipio de Holguín.

Y es que este hombre cercano a los 80 años de vida se ganó hace mucho tiempo el respeto por convertirse en catedrático en el manejo de la tierra y los animales, y por compartir sus experiencias sin alarde alguno.

Una mirada al aval llegado a manos de quienes otorgaron la alta distinción podría bastar para entender el veredicto: "Combina pastos mejorados con leguminosas arbóreas (leucaena), intercaladas como silvopastoreo, utiliza la yuca molida y preparada como forraje y pienso criollo, cuenta con 86 vacunos, de los cuales 56 son vacas y 47 están en ordeño, promediando cada una 11 litros diarios y entrega toda la producción a la industria láctea, actitud que siempre ha mantenido. Además, fue el primer productor del territorio en incorporarse a la cría artificial con 15 terneros alimentados con el suplemento nutricional Maxical, así como mantiene un centro de ceba para la producción de carne".

Años atrás este reportero acudió a él con el propósito de consultarle acerca de la estrategia aplicada para que los animales no pasaran hambre en los periodos de sequía. Fue necesario desandar parte de la finca, hasta encontrarlo a la vera de un campo de king grass, donde revisaba el sistema de regadío.

Luego pasamos frente a las áreas sembradas de caña y de estas a las de yuca, de la cual se aprovecha todo; hicimos un descanso para hablar del desmonte de marabú en una porción de tierra recibida mediante el Decreto-Ley 259 y concluimos al lado de un molino de viento que le permite extraer agua sin afectar el pobre manto freático de la zona.

Hace poco nos encontramos en su finca una vez más. Las tierras nuevas, sin marabú, se habían convertido en potreros o estaban preparadas, y a la espera de la lluvia para la siembra de yuca.

Entre muchas cosas habló del cuidado que da a las vacas en ordeño, las cuales mantiene rigurosamente en ese régimen hasta los siete meses, con el fin de preservarlas para el parto y asegurar su salud y la de los terneros.

Solo lamentó el entumecimiento de las manos a causa de los años. "Aquí siempre hay cosas que hacer", dijo. Y reanudó el acople del recién reparado motor eléctrico de la máquina de moler forraje, porque le apuraba restablecer el suministro de comida a los animales que se inquietaban en el cuartón cercano.

 

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