Hay alegría en Güirabito y Güirabo, sitios circundantes a la
Cooperativa de Crédito y Servicios Pedro Rojena, de la cual es
asociado Arcelio, a quien se le conoce igualmente mucho más allá del
municipio de Holguín.
Y es que este hombre cercano a los 80 años de vida se ganó hace
mucho tiempo el respeto por convertirse en catedrático en el manejo
de la tierra y los animales, y por compartir sus experiencias sin
alarde alguno.
Una mirada al aval llegado a manos de quienes otorgaron la alta
distinción podría bastar para entender el veredicto: "Combina pastos
mejorados con leguminosas arbóreas (leucaena), intercaladas como
silvopastoreo, utiliza la yuca molida y preparada como forraje y
pienso criollo, cuenta con 86 vacunos, de los cuales 56 son vacas y
47 están en ordeño, promediando cada una 11 litros diarios y entrega
toda la producción a la industria láctea, actitud que siempre ha
mantenido. Además, fue el primer productor del territorio en
incorporarse a la cría artificial con 15 terneros alimentados con el
suplemento nutricional Maxical, así como mantiene un centro de ceba
para la producción de carne".
Años atrás este reportero acudió a él con el propósito de
consultarle acerca de la estrategia aplicada para que los animales
no pasaran hambre en los periodos de sequía. Fue necesario desandar
parte de la finca, hasta encontrarlo a la vera de un campo de
king grass, donde revisaba el sistema de regadío.
Luego pasamos frente a las áreas sembradas de caña y de estas a
las de yuca, de la cual se aprovecha todo; hicimos un descanso para
hablar del desmonte de marabú en una porción de tierra recibida
mediante el Decreto-Ley 259 y concluimos al lado de un molino de
viento que le permite extraer agua sin afectar el pobre manto
freático de la zona.
Hace poco nos encontramos en su finca una vez más. Las tierras
nuevas, sin marabú, se habían convertido en potreros o estaban
preparadas, y a la espera de la lluvia para la siembra de yuca.
Entre muchas cosas habló del cuidado que da a las vacas en
ordeño, las cuales mantiene rigurosamente en ese régimen hasta los
siete meses, con el fin de preservarlas para el parto y asegurar su
salud y la de los terneros.
Solo lamentó el entumecimiento de las manos a causa de los años.
"Aquí siempre hay cosas que hacer", dijo. Y reanudó el acople del
recién reparado motor eléctrico de la máquina de moler forraje,
porque le apuraba restablecer el suministro de comida a los animales
que se inquietaban en el cuartón cercano.