En el ánimo de unos y otros habitaba la certeza de que si un país
puede sentir como propia la jornada instaurada por la UNESCO el 30
de abril para destacar la universalidad de una manifestación nacida
en Estados Unidos y expandida a escala planetaria, ese es Cuba. Lo
es por historia —cuánto le han dado al género figuras como Mario
Bauzá, Machito y Chano Pozo, Guillermo Barreto, Frank Emilio Flynn,
Tata Güines, Armando Romeu, Felipe Dulzaides y muchos otros—, y
también por actualidad, como se demostró sobre la escena.
Cada instrumentista devino pasión y energía. Desde las muchachas
de Sexto Sentido, hasta la maestría del trompetista Julito Padrón,
el piano exultante de Alejandro Falcón, la extraordinaria clase del
saxofonista y clarinetista Germán Velazco y del contrabajista Jorge
Reyes y el inspirado fraseo del violinista William Roblejo.
Como para recordar, obviamente, la contribución de Emilio Morales
y sus Nuevos Amigos, prepararon el camino para el clímax con la Jazz
Band del maestro Joaquín Betancourt, integrada por jóvenes músicos
premiados en los Jojazz. Una banda que ha dejado de ser una promesa
para convertirse en realidad.