La Escuela Nacional de Ballet, una de las instituciones más
trascendentes en el quehacer cultural impulsado en el país luego del
triunfo de la Revolución, arribó a su medio siglo de fecunda brega.
Surgida en 1962, ha sido la fiel continuadora de la histórica labor
iniciada en los hostiles años de la década del cincuenta del pasado
siglo por la Academia de Ballet Alicia Alonso, destinada a formar
las nuevas generaciones de bailarines profesionales dentro de los
principios técnicos, éticos y estéticos de la escuela cubana de
ballet.
Bajo la guía directa de Alicia y Fernando Alonso —este último su
primer director en el crucial periodo de 1962-1967— y con la
colaboración de un valioso claustro de profesores, mayoritariamente
miembros del Ballet Nacional de Cuba, la institución comenzó a
desplegar un valioso trabajo de captación y formación de alumnos
talentosos, procedentes de todas las regiones de la nación, que le
ha permitido cosechar los innumerables logros que puede mostrar con
orgullo luego de medio siglo de disciplinada e ininterrumpida labor.
Desde su primera promoción, en 1968, la Escuela Nacional de
Ballet no ha dejado de ser la cantera inagotable de donde han
surgido los más valiosos exponentes del Ballet Nacional de Cuba, el
Ballet de Camagüey, el Ballet de Cámara de Holguín, el Ballet de
Santiago de Cuba y de otras agrupaciones danzarias nacionales, que
han cosechado éxitos que honran a la Patria, durante sus
presentaciones en Cuba y en más de sesenta países de los cinco
continentes.
Aspectos meritorios de su labor han sido la obtención de
numerosos galardones en eventos competitivos de tan alto fuste como
los Concursos Internacionales de Ballet de Varna, Moscú, Tokío,
Osaka, Río de Janeiro, Porto Alegre, Perú, Nueva York, Jackson,
París, Italia, Beijing, Seúl, o el Grand Prix de Lausana, Suiza; y
la no menos valiosa colaboración que han brindado sus profesores en
centros docentes, festivales y agrupaciones danzarias de más de una
veintena de países.
Aunque en todos estos años otras valiosas personalidades de la
enseñanza del ballet en Cuba han asumido su dirección, es imposible
soslayar la decisiva contribución que ha hecho a la misma la
eminente pedagoga Ramona de Sáa, quien, además de sus funciones como
metodóloga nacional de la especialidad durante tres décadas y media,
ha regido los destinos del plantel en dos largas y decisivas etapas:
1967-1977 y del 2001 hasta la actualidad. Bajo su guía, la labor
magisterial ha estado unida a grandes dosis de amor, fidelidad y
entrega, como garantía de una tarea que tiene ya magnitud histórica
en el ámbito nacional y un creciente prestigio a nivel mundial.